
NACHO ALONSO. Portavoz de Campaña de «Vecinos por Majadahonda». Siempre he detestado la política de grandes partidos, llena de trampas, deslealtades, deudas y arbitrariedades, aunque reconozco tener interés por el lado vocacional, de servicio público y calado social que la función pública representa. La profesión política estaba antaño reservada para personas fuera de lo ordinario que destacaban por su base cultural, liderazgo, oratoria, ejemplaridad y, en definitiva, su capacidad de ejercer la siempre difícil y comprometedora representación de otros ciudadanos. Lamentablemente, nuestros representantes de hoy no están cortados por dichos patrones, sino que, a menudo, destacan por su mediocridad, por la defensa de sus propios intereses, su falta de vocación y sus escasas formación y habilidades. Además, se ha perdido la independencia, la espontaneidad e, incluso, el más simple decoro. La mayoría se deben a la disciplina de un partido nacional que estipula, normalmente con criterio equivocado y sin conocimiento de causa, los designios y el futuro de los vecinos de ciudades y pueblos, usando la política, especialmente la local, como agencia de colocación y empleo de amigotes, partidarios y personas afines.








