
MIGUEL SANCHIZ. (Majadahonda, 6 de junio de 2026). El que escucha: pequeñas maravillas de una planta que responde al mundo. Me han regalado un bonsái por mi cumpleaños. Lo he colocado donde la luz cae con generosidad, como si fuera un huésped distinguido recién llegado a casa. Y, casi sin pensarlo, le hablo. No para que me responda, sino porque algo en su presencia invita a la conversación. Ese gesto, que muchos consideran una excentricidad, tiene más ciencia detrás de lo que parece. Las plantas no entienden nuestras palabras, pero sí perciben el mundo de un modo que empieza a maravillarme. Durante décadas, la idea de que las plantas “escuchan” fue motivo de burla. Sin embargo, la investigación botánica ha ido revelando que los vegetales son mucho menos pasivos de lo que imaginábamos. No tienen oídos, pero sí son sensibles a las vibraciones del aire. Y mi voz, al fin y al cabo, no es más que aire vibrando.









