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CRESCENCIO BUSTILLO. Un sábado, a primeros de marzo, fue el primer día de mi entrada en el Cuartel, cuando se acercaba el mediodía. Corría el año 1928 y tenía yo 20 años cumplidos sin llegar a los 21. Por haber nacido dentro de la primera parte del año, o sea el primer semestre, ingresé en el primer reemplazo de los dos que se componía la quinta completa. Nuestra entrada en el Cuartel fue recibida con distintas muestras de alegría y cordialidad. Para unos, los más veteranos, significaba que pronto serían licenciados y por tanto nos recibieron con ¡Vivas y Olés!… Para los que hasta entonces habían sido «quintos«, significaba pasar a la categoría de «veteranos«, por lo que también nos recibieron con alegría, pero además con burlas y sátiras, llamándonos «borregos» y otras lindezas por el estilo, pensando en descargar en nosotros las novatadas que ellos habían ya pagado. Pronto se dieron cuenta, que aquel reemplazo no era como los otros, ya que pertenecía en su mayor parte a Madrid y los pueblos colindantes, con una mayor cultura y también con más experiencia de lo que era la vida que los provincianos que tenían por norma ingresar en aquel Cuerpo…

GREGORIO Mª CALLEJO. He leído verdaderas barbaridades sobre grupos de una mediocridad insufrible y cuyo único mérito (felicidades para ellos, desde luego) fue vender muchos discos. Así que, puestos a inventar la Historia del Rock español en el Siglo XXI, voy yo también a asignar el carácter de piedras angulares de nuestra música popular a un grupo de canciones: 4- Nadadora: “Sara dice» y «1987”. Vale, otra trampa. Son dos canciones, pero me resulta difícil no escucharlas juntas como si se tratara de una unidad. Nadadora publicó en 2010 un trabajo sorprendente, virtuoso, lleno de lirismo. Un clásico de la música popular independiente. “Luz, oscuridad, luz” es un disco sin desperdicio. Un disco en el que a las guitarras se les extraen texturas desconocidas, en el que las historias se plagan de ensoñación y del tacto de una musicalidad desbordante. Nadadora dejaron de grabar porque no podían vivir de esto. Nos dejaron «Sara dice» y «1987«, dos historias de amor, desamor, de guitarras punzantes hasta taladrar el alma. Nos dejaron un disco inigualable.




