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De Majadahonda a Cuba: «Comienzo a pensar en tomar el hatillo y emprender la vuelta de La Habana como un Ulises»

De Majadahonda a Cuba: «Comienzo a pensar en tomar el hatillo y emprender la vuelta de La Habana como un Ulises»
Lancha pirata tomada en Playa Girón, que inmortalizara el cantautor Silvio Rodríguez en aquella canción del mismo nombre

VICENTE ARAGUAS. (La Habana (Cuba), 13 de agosto de 2026). Museos y Helados. Comienzo a pensar en tomar el hatillo y emprender la vuelta. Ulises del Portazgo, así me definí un día, Portazgo de Neda, mi cuna, mi cuba, ahora en minúscula, el pozo donde ahogo las penas cuando vienen negras, debe volver a casa para recuperar el aliento y volver, cuando toque, al Camino. En tanto diré que sería injusto retratando una Habana convulsa, herida, maltratada, cuando Habanita, tan bella, es cuidadora de bellezas. Y La Habana se hace entonces pleonasmo. Y es Capitolio, Teatro Nacional «Alicia Alonso«, antes Centro Gallego, antes aun Teatro Tacón. Hotel Inglaterra, Hotel Nacional, por citar cuatro hermosuras, hay más, mucho más, pero pongo cuatro hitos arquitectónicos brillando ya por fuera. Y en el exterior, también por dentro, reluce Bellas Artes: Universal y Arte Cubano, cada uno por su cuenta, dos museos siameses buscando aire propio.

Con Amy, la sonrisa más dulce de La Habana.

Y me centro en la cubanidad pictórica: cubista, revolucionaria, superreal, de la que aquí planto muestras. Sin excederme en datos porque, ahora, las imágenes hablan tan solas como esos museos huérfanos de visitantes. Extranjeros porque no vienen. Y hacen mal. El turista es tan cobarde como el dinero que se aprovecha de su sentimiento gregario y pacato. Nacionales porque andan en otras preocupaciones inmediatas. Y no seré tan casquivano para juzgar prioridades humanas, yo, que vengo del tiempo manso y del almuerzo seguro. Y, bueno, cerquita está un museo al aire libre con hitos revolucionarios. Allí el «Granma«, mítico barco que llevó de México a Cuba a los barbudos que de Sierra Maestra a La Habana sembraron durante tres años rebeldía. Lo que vino después «pregúntale a Juan que está en el ambiente», como decía aquella canción de antes.

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En ese museíllo los restos de un bombardero americano tumbado en Playa Girón. Esplendor sobre la hierba de La Habana para una historia que se devora a sí misma. Museo al aire libre para ella. Y yo me voy, melancólico, a tomar un helado. Y soslayo Coppelia, «Fresa y chocolate», baratillo para turistas. Y vuelvo a «Esto está buenísimo», pegadito al Malecón, todo y toda Habana ceñiditos al Malecón, el mejor helado habanero. Atendido por la sonrisa más dulce de La Habana, la de Amy. «Sí, como Amy Winehouse, y no veas cómo me gusta», me dice con semblante alegre. ¡Ah, la juventud gloriosa! Amy estudia Sicología y no se deja llevar por ese escepticismo que sacude, y no les quito la razón, a tantos cubanos. Yo, mientras, preparo un equipaje tan agridulce como mi Amor hacia Cuba. Sí. Cuba sí.

4 comentarios

  1. Gracias de nuevo por los recuerdos. Me alojé en el hotel Nacional, un maître me pidió que llevara una carta a alguien de México dónde yo retornaba. Un pseudo apologista de la Revolución me pidió que le reclamara desde España para huir de la Revolución. Había un lenguaje oficial y otro privado. No sé si ahora para visitar el Gramma sigue haciéndose el mismo ritual que para visitar la momia de Lenin y que copiaron aquí para despedir a la Pasionaria. Lo mejor el Bellas Artes. Hermanos en el amor a Cuba, Vicente.

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