
«La cuestión es que en Roma/ Amor al visitante que ame los placeres estéticos hay 3 lugares imprescindibles. Gratuitos a todos los efectos y ni siquiera invadidos por las hordas turísticas que, sin embargo, abarrotan las proximidades».
VICENTE ARAGUAS. (Majadahonda, 26 de abril de 2026). A Roma con Amor. Decía en mi recalada florentina que Florencia es armónicamente apolínea mientras que Roma es dionisíaca hasta la hipérbole. Florencia renacentista, también –salvando la anacronìa- en su estación de ferrocarril. Roma, en cambio, es exagerada, caótica, brutal si se quiere hasta en el tráfico rodado. Incluso en su propio subsuelo que impide, dada la abundancia de restos clásicos en él, que avance su metro mucho más de lo consabido, minimalista, eso sí, en este medio de transporte, En lo demás Roma es excesiva, amorosamente excesiva, ya en esa mistura clásica-renacentista-barroca-neoclásica, Y más, mucho más, si tiramos del hilo de su cometa. Decididamente felina, y huellas gatunas hallaremos en todos sus escondrijos. Incluso en las orillas de ese Tíber, debidamente canalizado para evitar embestidas. Gatos hasta en la Isla Tiberina adonde llegué hace tanto y tanto que duele, por causas ajenas, hasta el Hospital de San Juan de Dios, donde estuvo el Templo de Esculapio, y allí aprendí que fumadora no se dice “fumatora” sino “fumatrice” y supe de la liberalidad romana también en materia médica. Sin depositar ni una centésima de lira, moneda corriente entonces en Italia.
Y NO ES CIERTO QUE HOY EN ROMA HAYA QUE PAGAR POR TODO Y A TODOS. Excepción, desde luego, el Vaticano y sus Galerías. No es que ya el precio de la visita sea elevado sino que para entrar en ellas, ya con el billete en la mano, hay que salvar un laberinto burocrático que haría desistir del empeño al propio Franz Kafka. Pero la cuestión es que en Roma/ Amor al visitante que ame los placeres estéticos hay 3 lugares imprescindibles. Gratuitos a todos los efectos y ni siquiera invadidos por las hordas turísticas que, sin embargo, abarrotan las proximidades. Y hablo de San Pietro in Vincoli (así llamado por conservar las cadenas, dicen, con las que San Pedro permaneció atado en la Cárcel Mamertina), iglesia próxima al Coliseo. Dentro de ella, al fondo a la derecha, el mausoleo de Julio II, con la imponente figura del “Moisés” de Miguel Ángel, airado, portando las “Tablas de la Ley”, ante los adoradores del “becerro de oro”. Freud, en una de sus estancias romana acudió allí cada día a inspirarse para ultimar su imagen del “Padre Padrone”.
LA EXPLANADA DEL TEMPLO SE COMUNICA CON LA VIA CAVOUR, QUE NOS LLEVARÁ HACIA TERMINI, desde donde desviarnos a Santa Maria de la Victoria, donde nos espera la, para mí, grupo escultórico más hermoso de todos los tiempos, el “Éxtasis de Santa Teresa”, de Gian Lorenzo Bernini. Iglesia en manos del Carmelo, tan estupendos los carmelitas que me dejan explicar en ella una lección de literatura mística, Y yo me altero, mirando ese rostro arrebatado del angelote dispuesto a traspasar a la Santa con su flecha de punta áurea, su mirada tan inocentemente malévola como la del Cupido/ Eros que a casi todos nos hiere. Y pienso, de nuevo, en Freud, quien define los éxtasis como una mezcla entre cólicos nefríticos y orgasmos, en fin. Y ahora volvamos al centro porque muy cerca de la Piazza Navona está un templo-bombonera que se llama San Luis de los Franceses, depositario de un tríptico del genial Caravaggio, relativo a San Mateo. San Mateo y “su” Ángel, el Martirio de San Mateo y, sobre todo, la Conversión de San Mateo. En ella, el recaudador de impuestos que va a ser apóstol y evangelista, le pregunta a ese desconocido, rostro velado: “¿Es a mí?” Y sí, era a él, sí, pintado 3 veces por Caravaggio, a nuestra disposición en la Capilla Contarelli de San Luis de los Franceses en el centro más centrico de Roma Eterna. Sí.




Gracias Vicente por este paseo por Roma y sus inigualables desmesuras que le hacen única y tan hermosa que arrebata de placer. Yo también soy una eterna enamorada de Roma a la que siempre ansío volver.
Desmesura. Eso es. No hay otra ciudad tan fuera de sí. Y, sin embargo, tan comedida y cuidadosa y liberal, generosa, pues, con tanta belleza como acumula. Un abrazo, Teresa.
Un sin fin de lugares que admirar, desde luego