El 26 de abril reúne historias muy diferentes: una catástrofe tecnológica que conmocionó al mundo, un bombardeo que inspiró una de las obras más famosas del arte moderno, los primeros pasos de la televisión y una lluvia de meteoritos que ayudó a comprender mejor el universo.

MIGUEL SANCHIZ. (Majadahonda, 1 de abril de 2026).Serie: “El calendario curioso”. 26 de abril: el día en que el mundo oyó el nombre de Chernóbil. Hay fechas del calendario que quedan grabadas en la memoria colectiva porque recuerdan momentos en los que el progreso tecnológico mostró también su lado más peligroso. El 26 de abril de 1986 es una de ellas. De esta manera, el 26 de abril reúne historias muy diferentes: una catástrofe tecnológica que conmocionó al mundo, un bombardeo que inspiró una de las obras más famosas del arte moderno, los primeros pasos de la televisión y una lluvia de meteoritos que ayudó a comprender mejor el universo. Cada una de estas historias recuerda que el calendario no es solo una sucesión de números. Es también un mapa del pasado donde cada fecha guarda momentos en los que el mundo cambió, a veces de forma brillante y otras de manera trágica. Porque, cuando se observa con atención, cada día del año esconde relatos sorprendentes que siguen resonando décadas o incluso siglos después. Y como detalle final: cuando se produjo el accidente nuclear de Chernóbil el 26 de abril de 1986, aquel día era sábado.

AQUELLA MADRUGADA UNA EXPLOSIÓN EN LA CENTRAL NUCLEAR DE CHERNÓBIL, EN LA ENTONCES UNIÓN SOVIÉTICA, PROVOCÓ EL PEOR ACCIDENTE NUCLEAR DE LA HISTORIA. La central se encontraba cerca de la ciudad de Prípiat, en la actual Ucrania, a unos cien kilómetros de Kiev. Durante la noche del 25 al 26 de abril los ingenieros realizaban una prueba de seguridad en el reactor número 4. El objetivo era comprobar cuánto tiempo podían seguir funcionando los sistemas eléctricos del reactor en caso de un corte de energía. La prueba se realizó en condiciones inestables. Una serie de decisiones equivocadas y un diseño defectuoso del reactor provocaron que el sistema entrara en una situación peligrosa. En pocos segundos la potencia del reactor se disparó de forma incontrolada. A la 1:23 de la madrugada, dos explosiones sacudieron el edificio del reactor. El techo del edificio saltó por los aires y toneladas de material radiactivo fueron expulsadas a la atmósfera. Un incendio comenzó a arder entre los restos del reactor destruido. En los primeros momentos nadie comprendía del todo la magnitud de lo ocurrido. Los bomberos acudieron al lugar sin saber que estaban expuestos a una radiación extremadamente peligrosa. Muchos de ellos recibirían dosis mortales durante las horas siguientes.

LA CIUDAD DE PRÍPIAT, DONDE VIVÍAN UNOS 50.000 TRABAJADORES DE LA CENTRAL Y SUS FAMILIAS, continuó su vida normal durante gran parte del día siguiente. Los niños fueron a la escuela y la gente paseaba por las calles sin saber que una nube radiactiva flotaba sobre la ciudad. No fue hasta la tarde del 27 de abril cuando las autoridades ordenaron evacuar la ciudad. Los habitantes abandonaron sus casas pensando que regresarían en pocos días. Sin embargo, nunca volvieron. Prípiat se convirtió en una ciudad fantasma congelada en el tiempo. Mientras tanto, miles de trabajadores y soldados fueron enviados para intentar controlar el desastre. Aquellos hombres, conocidos posteriormente como “liquidadores”, arriesgaron su vida para apagar incendios, retirar escombros radiactivos y construir un gigantesco sarcófago de hormigón sobre el reactor destruido. La nube radiactiva se extendió por buena parte de Europa. Durante varios días las autoridades soviéticas mantuvieron silencio sobre el accidente. Fue una central nuclear de Suecia la que detectó niveles anormales de radiación y obligó a reconocer públicamente que algo grave había ocurrido. Chernóbil se convirtió en un símbolo mundial de los riesgos de la energía nuclear y provocó cambios profundos en la industria energética y en las normas internacionales de seguridad. Pero el 26 de abril ya estaba marcado en la historia por otros acontecimientos dramáticos incluso antes de Chernóbil.

EN 1937, DURANTE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA, LA PEQUEÑA CIUDAD VASCA DE GUERNICA FUE BOMBARDEADA POR LA AVIACIÓN ALEMANA DE LA LEGIÓN CÓNDOR, QUE APOYABA AL EJÉRCITO SUBLEVADO. El ataque destruyó gran parte de la ciudad y causó un enorme impacto internacional. La noticia conmocionó a la opinión pública mundial y el artista Pablo Picasso decidió plasmar la tragedia en una de las obras más famosas del arte moderno: el cuadro “Guernica”, que se convertiría en un poderoso símbolo contra la guerra. La fecha también guarda un episodio curioso relacionado con la ciencia. El 26 de abril de 1925 se realizó en Londres la primera emisión pública de televisión con imágenes en movimiento transmitidas a distancia. Aunque aquella tecnología era todavía muy rudimentaria, marcó el comienzo de un medio de comunicación que acabaría transformando la cultura del siglo XX. Otra historia sorprendente ocurrió el 26 de abril de 1803, cuando miles de meteoritos cayeron sobre la localidad francesa de L’Aigle. Durante siglos muchas personas habían dudado de que las piedras pudieran caer del cielo, pero aquel fenómeno fue tan evidente que obligó a los científicos a aceptar definitivamente la existencia de los meteoritos. El estudio de aquella lluvia de rocas espaciales cambió la forma en que la ciencia entendía el origen de muchos objetos encontrados en la superficie terrestre.

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