MANU RAMOS. «Pues bien, ese mismo día y casi sin haber acabado de comer, recibí la llamada de mi buen amigo Benjamín, que estaba con sus compañeros recién llegados de Majadahonda, Néstor y Gabriel. Ambos habían visto por las redes sociales que se iba a celebrar un «ronqueo» (arte de partir o trocear atunes) en una cala de Cabo de Palos. Nada más decírmelo, llamé al Palmito y reservé, pudiendo así invitar a mis amigos a disfrutar de dos cosas: el entorno y el menú que, como muy bien sabrán ustedes, es un binomio que conjuga a la perfección». El periodista Tomás Martínez Pagán describe en la edición de La Verdad de Cartagena la participación de dos vecinos en el «Ronqueo a la luz de la luna» que se celebró el pasado día 15 de agosto, «con más de 100 comensales y gracias al cual pudimos disfrutar de un auténtico espectáculo gastronómico, ambiental y musical».

«La materia prima estuvo a cargo de la multinacional cartagenera Grupo Ricardo Fuentes e Hijos, líder mundial en el engorde y comercialización del Atún Rojo, que cuenta con dos viveros propios en la Región. El atún que se ronqueó procedía del vivero del Gorguel, con un peso cercano a los 200 kilos. El equipo ronqueador estaba formado por Antonio Bizarro ‘Badajoz’, con una experiencia de más de 30 años ronqueando atunes, y el japonés Naoyuki Kukita, más conocido como ‘Nao’, que era el responsable de la calidad y selección de atunes. En la velada también estuvo la alcaldesa de Cartagena, Ana Belén Castejón. La elaboración de la exquisita cena corrió a cargo de Antonio Gil, Chef de Palmito, Antonio Alcaraz, de Gastrotiendas Ricardo Fuentes, y del restaurante Los Churrascos», señala el artículo.
Y añade que sorprendieron a los comensales «con un menú consistente en hueva de atún de almadraba con almendras marconas, sashimi de atún, mojete de pulpo con toque de jengibre, ventresca de atún encurtida, vieira glaseada con miso, asado de kama y tataki de toro. Para terminar sirvieron una piña en dos texturas que resultó ser un postre refrescante y delicioso. Y todo ello regado con un blanco de Castelo de Medina en su punto justo de frío. Y como cierre, con las copas de sobremesa, una magnífica gala flamenca amenizada por Rayito. Una singularidad más que elevó el nivel gastronómico de nuestra hostelería al máximo. Y termino hoy con una pequeña, pero no por ello menos contundente reflexión, que espero que les llegue: «Nadie es tan pobre que no pueda regalar una sonrisa, ni tan rico que no la necesite», concluye la crónica gastronómica.



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