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El párroco de Cenicientos habla sobre lo ocurrido en Majadahonda: «La gente venía a llorar sobre mi hombro, muchos no sabían qué hacer ni tenían dónde ir»

Juan Pablo Flores Álvarez, párroco de Cenicientos (Madrid): «la gente empezaba a llorar, deprimida», buscando su consuelo: «Padre, necesito hablar con usted». Como relata el sacerdote, muchos no sabían qué hacer ni tenían dónde ir. «La gente venía a llorar sobre mi hombro», recuerda conmovido.

MARIANA BENITO. (3 de agosto de 2026). A medida que van pasando los días se van conociendo declaraciones de testigos y víctimas que pasaron por Majadahonda procedentes de Cenicientos y relatan lo que vieron y padecieron. La Diócesis de Getafe, a la que pertenece el municipio de Cenicientos, hizo público el pasado martes 28 de julio (2026) unas declaraciones significativas y aunque la primera crónica de MJD Magazin ya advertía de la conversación que mantuvieron el cura párroco de Cenicientos y el de Majadahonda, Paco Ruano, por su interés reproducimos íntegramente. «Habla el párroco de Cenicientos: «He hecho de sacerdote, amigo y consejero». El sacerdote, que lleva menos de un año al frente de la parroquia de esta localidad del sur de Madrid, fue desalojado junto a los vecinos y a su propia madre. La tarde del 25 de julio, festividad de Santiago Apóstol, la tranquilidad de Cenicientos se vio interrumpida. El párroco, Juan Pablo Flores Álvarez, originario de Venezuela, se encontraba celebrando un bautizo en la parroquia San Esteban Protomártir cuando recibió la inminente orden de evacuación. Tal como relata el propio sacerdote, «lo primero que pensé fue en el Santísimo». Ante la urgencia, explica que «entre los nervios y la corredera», al intentar apagar el cirio pascual de forma apresurada se dio «un baño con la cera derretida». Sin dudarlo, subió inmediatamente a tocar las campanas utilizando el repique tradicional para alertar a todos los habitantes del municipio».

«En ese momento de crisis, Juan Pablo Flores explica que su labor principal fue «ser consejero, psicólogo, sacerdote, guía espiritual, amigo, apoyo». Ademas, «yo también estaba pasando por lo mismo que el pueblo».

TRASLADO A MAJADAHONDA E IMPRESIONES AL LLEGAR: «Antes de abandonar su hogar, la mirada del sacerdote se dirigió a los más indefensos. Tras asegurarse de que su madre estaba bien y revisar los templos, su preocupación fueron los enfermos y ancianos. Según recuerda emocionado, pensó en los más frágiles: «Me acordé de los abuelos, las personas mayores a las que les llevo la comunión, que sé que hay dos que están solas, y me fui donde ellas para saber cómo estaban». El traslado se realizó en autobuses interurbanos hacia un polideportivo de Majadahonda. Al llegar, Juan Pablo se encontró con una comunidad desolada donde «la gente empezaba a llorar, deprimida», buscando su consuelo: «Padre, necesito hablar con usted». Como relata el sacerdote, muchos no sabían qué hacer ni tenían dónde ir. «La gente venía a llorar sobre mi hombro», recuerda conmovido. En ese momento de crisis, explica que su labor principal fue «ser consejero, psicólogo, sacerdote, guía espiritual, amigo, apoyo». Ademas, «yo también estaba pasando por lo mismo que el pueblo».

De Cenicientos a Majadahonda: desde que el jueves 23 de julio la Comunidad de Madrid alertó de la necesidad de crear «ciudades de acogida», los vecinos de Cenicientos comenzaron a preparar su éxodo. Los primeros llegaron a Majadahonda el viernes 24 de julio por la tarde, pero fueron trasladados al Polideportivo de Pozuelo y a una casa religiosa de Boadilla porque no había nada preparado.

 

Juan Pablo Flores destaca con orgullo que durante estos días «la gente ha acudido mucho a la oración», concluyendo que toda esta difícil prueba «nos ha unido más, nos ha hecho rezar más y ha aumentado la esperanza» entre todos los feligreses de Cenicientos»

TUVO QUE MOVILIZARSE PARA TRASLADAR A UNA PARTE DE SUS VECINOS A BOADILLA DEL MONTE. «Posteriormente, la diócesis se movilizó para acoger a los suyos, y el vicario general y moderador de la curia, Javier Mairata, acudió a recoger al párroco y a su madre para alojarlos en las instalaciones del Centro de Orientación Familiar (COF) en Boadilla del Monte. Aunque las llamas no han arrasado el municipio, la ceniza y el humo mantienen a los vecinos a la espera del regreso. Sin embargo, esta tragedia ha fortalecido la comunión a través de los mensajes telefónicos diarios. Juan Pablo confiesa que «nunca había sucedido algo tan tremendamente increíble de miedos, de tristezas, pero también de esperanza». Destaca con orgullo que durante estos días «la gente ha acudido mucho a la oración», concluyendo que toda esta difícil prueba «nos ha unido más, nos ha hecho rezar más y ha aumentado la esperanza» entre todos los feligreses de Cenicientos«, finaliza la entrevista de la Diócesis de Getafe.

 

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