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De Majadahonda a La Habana: «unas calles sin turistas, sin hielo y en triciclo por estar sometidas a un asedio medieval»

«Mientras los hoteles no sufren las restricciones energéticas, los bares de la calle tienen sus horas y sus dolores (los ciudadanos particulares, ni digamos). Y ante una “Santa Cola” (refresco muy mejorable, fabricado en España, por cierto) más bien “del tiempo”, me vi obligado a pedir hielo, y la “niña” que me atendía (aquí, como en Andalucía, enunciación y vocativo de jovencitas, “meseras” o no) me dijo que no, que cómo fabricar hielo sin energía eléctrica con cierta continuidad»

VICENTE ARAGUAS. (3 de agosto de 2026). La Habana Vieja. Cuando todo esto vuelva a donde debe, una vez que el asedio medieval finalice y los que se fueron regresen y los cárteles dejen de pensar en Cuba como plataforma futura para sus fechorías, llegará el momento de que La Habana Vieja ya no sea el sumidero en que se halla sumida, al menos una parte, la menos turística, sino para quienes amen la cochambre. Duele decirlo, pero es imposible negar semejante evidencia. Que hay calles habaneras tan insalubres y destrozadas, casas que tuvieron su aquel, sometidas hoy a un abandono que ni siquiera sirve para exaltar la belleza del destrozo. Porque trazando una línea o frontera invisible, al lado de la desolación sigue sobresaliendo la quimera de quienes levantaron una ciudad tan pegada a una de las bahías más bellas del mundo, con ese paseo marítimo, ceñidor de pasiones náuticas, que se llama Malecón. En la otra punta, ese Castillo del Morro, tan del tiempo cuando los bucaneros o los rivales en asuntos coloniales asediaban La Habana. Que los asedios vienen de viejo. Y las calles de La Habana Vieja siguen siendo bullicio popular casi que estrictamente cubano.

«Me abstuve de ir al “Callejón del Chorro” a comprobar si es cierto que allí puedes conseguir dinero con esas tarjetas vetadísimas por el Imperio aquí y ahora, “Visa” y MasterCard”. No fui para no acabar como el gallo de Morón, sin plumas y cacareando, claro. Que hay mucha picaresca en Cuba; vieja herencia española. Recordemos “El Buscón”, cuando harto de que sus fechorías fuesen conocidas en España, decide marchar a las Indias». En la imagen, con el «Sancho Panza» de La Habana.

¿Por qué los turistas, “ubi sunt”?. (¿Dónde están?). Me paseaba hoy por la tarde con ese escritor y erudito de Cuba (y del exilio español en la isla de los milagros) que se llama Jorge Domingo, y algún personal nos jaleaba. Jorge, alto, ojos claros, pinta sajona, yo mismo, perfil arábigo-judío, acento ciertamente gallego, y algunos transeúntes nos saludaban como si fuéramos marcianos recién llegados en ánimo de paz adonde apenas arriban visitantes. Las cadenas hoteleras, la última, Meliá, tomaron el camino “con” retorno cuando las aguas que agita el bárbaro del Norte, el loco del pelo naranja, hayan vuelto a su cauce. El dinero, ya se sabe, tiene más que miedo, pánico cerval. Mientras los hoteles no sufren las restricciones energéticas, los bares de la calle tienen sus horas y sus dolores (los ciudadanos particulares, ni digamos). Y ante una “Santa Cola” (refresco muy mejorable, fabricado en España, por cierto) más bien “del tiempo”, me vi obligado a pedir hielo, y la “niña” que me atendía (aquí, como en Andalucía, enunciación y vocativo de jovencitas, “meseras” o no) me dijo que no, que cómo fabricar hielo sin energía eléctrica con cierta continuidad. Y puesto que “guaguas” prácticamente no hay, lo suyo es desplazarse en triciclos, chinos o chivichanas (como dice Julita González.) En un par de ellos me desplacé hoy desde el Vedado hasta la Habana Vieja, y tan ricamente en medio tan lleno de traqueteo como de un cierto riesgo; subida, bajada y equilibrio en ruta.) Pero pocas cosas me hicieron más ilusión que compartir semejante medio con la gente dulce y estoica que puebla La Habana.

Eso sí, me abstuve de ir al “Callejón del Chorro” a comprobar si es cierto que allí puedes conseguir dinero con esas tarjetas vetadísimas por el Imperio aquí y ahora, “Visa” y MasterCard”. No fui para no acabar como el gallo de Morón, sin plumas y cacareando, claro. Que hay mucha picaresca en Cuba; vieja herencia española. Recordemos “El Buscón”, cuando harto de que sus fechorías fuesen conocidas en España, decide marchar a las Indias. Y el gran Quevedo dice que sí, que muy bien, pero que como no cambie la persona, mal asunto (la cita no es textual, pero cierta.) Y otro día hablaré de cómo los pícaros medran especialmente donde hay crisis. Grande, grande la de Cuba, para qué negarlo. Pero saldrán adelante, con ese ingenio cubano. Como esa cubana grande que vendiendo maní pregonaba su mercancía cantando con voz de soprano “El manisero”. En La Habana Vieja, naturalmente. Gente así merece salir adelante. Saldrán.

 

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1 comentario

  1. Una vez que el «clan comunista» de los Castro, con el viejo loco, chocho y repugnante del Raúl Castro y todos los chupones del Regimen, con sus asesinatos de opositores desaparezca, por las buenas o por las malas, la gente cubana en el exilio regresará y volverá la Democracia parlamentaria con elecciones libres. Y Cuba con todo su potencial emergera de estas cenizas comunistas pestilentes que duran ya demasiado….
    Un saludo.

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