Fundación Gil Gayarre: “una historia de amor y superación” en el corazón de Majadahonda

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JORGE RUBIO. “Atender y apoyar el proyecto de vida de cada persona con discapacidad intelectual y de su familia, y defender sus derechos y obligaciones como ciudadanos para alcanzar el mayor grado de inclusión social”. Esta es la misión de la Fundación Gil Gayarre, una meta loable que nos recuerda que aunque pensemos que la sociedad es muy abierta y tolerante, todavía quedan muchas barreras por derribar. Precisamente, desde Gil Gayarre se abre la mente a una realidad existente, la de las personas con diversidad funcional, pero que en muchos casos resulta completamente desconocida para la mayor parte de los vecinos de Majadahonda, siendo esta ciudad uno de los lugares donde se desarrolla una de las iniciativas más destacadas de la Fundación: los pisos tutelados. Una realidad a la que MJD Magazin se ha acercado con el objetivo de dar una mayor visibilidad a todas estas personas, y en especial a la Fundación Gil Gayarre, gracias a la firma de un convenio de colaboración entre ambas entidades. Parte del equipo de redacción pudo visitar las instalaciones de la Fundación ubicadas en la carretera de Pozuelo y conocer de primera mano esta realidad y las actividades que se realizan.

Carmen Gayarre

La historia de la Fundación Gil Gayarre está íntimamente ligada a la de su fundadora, Carmen Gayarre, que en 1958 decide dar un paso adelante y crear esta entidad para ayudar a las personas con discapacidad intelectual y sus familias. Una mujer que es consciente de las necesidades especiales de este tipo de personas ya que su hijo Luis nació con Sindrome de Down. Esta realidad le hace ser consciente de que en España existe “un desierto legal que le impide realizar temas de escolarización, vivienda” para estas personas y que era necesario que existiese una entidad que se preocupase por ellas. Con 60 años inicia todo este trabajo en Madrid para luego trasladarse a los terrenos donde están ubicadas actualmente las instalaciones de la Fundación en la carretera de Pozuelo. Un proceso en el que también estuvo implicado su marido, de cuya unión se forma el nombre de Gil Gayarre. “Era una mujer muy guerrera, con mucho carácter, un ejemplo de fuerza y de carácter y de genio. En los últimos años de su vida estuvo trabajando aquí y se conocía todos los nombres de las familias de los chicos y preguntaba por ellos”, desvela Jesús Montero, responsable de comunicación de la Fundación.

Desde entonces, Gil Gayarre atiende a las personas con discapacidad intelectual y sus familias transformando cada día en realidad el objetivo con el que Carmen Gayarre creó esta Fundación. “Hoy en día damos atención a más de 450 personas con discapacidad desde los tres años hasta el final de la vida. Contamos con un equipo de 210 profesionales entre los cuales hay una mayoría de trabajadores sociales, psicólogos y maestros de educación especial del colegio”, detalla Montero. También cuentan con la ayuda de los alumnos de prácticas de varias universidades y con una red de “más de 200 voluntarios”. Además, “50 empresas colaboran con nosotros a través de voluntariados corporativos, económicamente y proporcionando material como ordenadores y mobiliario”, revela Jesús Montero. Desde la Fundación Gil Gayarre se busca que todas las personas a las que atienden, desde los más pequeños a los más mayores, puedan decidir sus sueños y sus metas, un proceso que realizan con el equipo técnico y sus familias. Unas metas entre las que se encuentra la obtención de un empleo.

Jesús Montero y Ana González son los encargados de mostrarnos en nuestra visita todos los ámbitos que abarca la Función Gil Gayarre. “Para los más pequeños hay un colegio de educación especial al que acuden unos 121 alumnos de 3 a 21 años. La única etapa que nos falta por cubrir en la atención temprana de 0-3 años aunque estamos en ello. Pasados los 21, lo más habitual es pasar a los centros ocupacionales”, señala Jesús Montero. Por su parte, Ana González también revela que en estos centros “se aprenden habilidades socio laborales que les permitan integrarse en un empleo ordinario o pasar al centro especial de empleo“. Angelita, una de las alumnas del centro, es la encargada de enumerarnos las distintas actividades que se realizan en estos centros: “los talleres que tenemos son artesanales, se elaboran productos para el punto de venta. Tenemos restauración, audiovisuales, manipulados, que es donde trabajamos para empresas y el Corte Inglés. Luego tenemos talleres adaptados para personas que necesitan apoyo”. Más allá de la actividad, Montero pone de manifiesto que “a veces la actividad en menos importante que las habilidades que se aprenden: seguir un horario, trabajar en equipo, cumplir unas normas… La actividad es un medio para alcanzar estas habilidades“.

Jesús Montero enumerando las distintas facetas de la Fundación Gil Gayarre

Como señalábamos, la integración y normalización para estas personas en su día a día es uno de los principales objetivos de la Fundación Gil Gayarre. Y la obtención de un trabajo es uno de los mayores pasos que se dan en este proceso. Ana González cuenta que se sigue la metodología “Empleo con Apoyo” a través de la cual un preparador laboral acude a la empresa para ver el puesto de trabajo que se va a realizar para adaptarlo lo más posible a la persona que lo va a realizar. “A medida que pasa el tiempo, se van quitando estos apoyos” detalla González. Además del empleo, la independencia es fundamental. Ahí entran en juego los dos pisos tutelados que la Fundación tiene en Majadahonda junto a los de San Sebastián de los Reyes. “Es como si nos fuésemos a vivir un grupo de 4 o 5 amigos”, relata Jesús Montero. “Cuentan con un monitor que ofrece cierto apoyo para algunas situaciones, pero la vida de las personas que viven en estos pisos de Majadahonda está completamente normalizada. Allí hacen sus actividades, van a la compra, hacen sus presupuestos y conviven con los vecinos”.

Pero desde la Fundación Gil Gayarre también se da apoyo a las personas con discapacidad intelectual en todas las fases de su vida e independientemente del grado de la misma. “También contamos con un centro de día para las personas que tienen más dificultades para realizar labores manipulativas pasan a este centro”, señalan. De todas ellas, quizá la más importante sea El Cabezo, dedicado a las personas más mayores de la Fundación,  un centro único en España destinado a los mayores con discapacidad intelectual. “Hace años la esperanza de vida para las personas con discapacidad intelectual era muy baja, pero ahora con todos los cuidados y atención por suerte ha aumentado mucho. Son personas que llegan a esa edad con un calidad de vida más que aceptable“, detalla Jesús Montero y pone de ejemplo a Santos, un hombre de 80 años que reside en este centro. Y es que además de ser mayores, las personas con discapacidad intelectual tienen “algunas peculiaridades que no se atienden en los centros de mayores ordinarios” tal y como desvela Ana González.

Una labor encomiable la que realiza la Fundación Gil Gayarre y que nos abre los ojos a una realidad que para muchos nos es completamente desconocida. Todo el trabajo realizado por los profesionales que trabajan está destinado a derribar las barreras de la sociedad y permitir que las personas puedan vivir en la medida de lo posible sin los condicionantes de la discapacidad intelectual. “Les ayudamos a cumplir sus sueños“, coinciden Jesús y Ana, una meta preciosa y que pone de manifiesto un cariño y una dedicación que se refleja en sus caras y en todos los que trabajan en la Fundación.

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