«El acusado carece de autocrítica, tiene alteraciones graves del pensamiento, alucinaciones y síntomas como aislamiento y embotamiento afectivo. A la vista de las entrevistas realizadas, lo único que lo saca de ese estado es su novia y su hija. «Es una puerta a otro mundo. Echo de menos a las dos muchísimo», les dijo». Estas son algunas de las conclusiones que desprende el informe pericial presentado por el abogado de Bruno Hernández, el presunto «descuartizador de Majadahonda». En este informe psiquiátrico se recogen los múltiples delirios que asedian al acusado según su defensa, la cual sostiene que la «patología ha invadido el sentido de identidad y que la toma de decisiones y el juicio de realidad se encuentra severamente comprometido». Sin embargo, los problemas mentales de Bruno Hernández no son algo nuevo ya que la esquizofrenia lo acompaña desde la adolescencia y ha causado que fuese internado en múltiples ocasiones, la última en 2014. Fue precisamente tras una de estas instancias en un centro psiquiátrico donde conoció a su novia, otra paciente, con la que tuvo a su hija. Ambas son el único bálsamo que parece sacar a Bruno Hernández del pozo de la locura y arrojar rayos de lucidez en su vida.



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