A Federico García Lorca (FGL) lo fusilaron en pijama. En puridad vestía la parte superior del pijama, tocante a la inferior no hay unanimidad. Y sobre ella, otra chaqueta, esta vez de vestir, de verano. Con semejante vestimenta salió del Gobierno Civil granadino, donde estaba desde el domingo 16 de dicho mes, detenido en casa propiedad de los Rosales, adonde había llegado por estimarse lugar seguro.

VICENTE ARAGUAS. (Majadahonda, 24 de mayo de 2026). Lorca en pijama. A Federico García Lorca (FGL) lo fusilaron en pijama la noche maldita del 17, 18 o 19 de agosto de 1936 dicen que en el Barranco de Víznar. En puridad vestía la parte superior del pijama, tocante a la inferior no hay unanimidad. Y sobre ella, otra chaqueta, esta vez de vestir, de verano. Con semejante vestimenta salió del Gobierno Civil granadino, donde estaba desde el domingo 16 de dicho mes, detenido en su refugio de la calle Angulo, 1 (hoy Ángel Ganivet), en casa propiedad de los Rosales, adonde había llegado por estimarse lugar seguro, luego de ciertos incidentes en la morada familiar de la Huerta de San Vicente. Los hermanos Rosales, algunos, entre ellos el poeta Luis, militaban en Falange Española. A Luis, dueño de un talento poético bien grande, encuadrado en la Generación del 36 (junto a Miguel Hernández aunque a este se le incluya, con poco rigor, en la del 27), llegué a tratarlo, un poco al paso del funeral, Colegio Logos, Molino de la Hoz, del pobre Juan de la Cruz Yepes. Esto fue en 1986 y Luis Rosales estaba un poco despistado de más, si se me permite el oxímoron. Pero tuve sumo gusto en charlar con poeta tan admirable, que hubo de soportar ataques brutales imputándole complicidad en la muerte del poeta. Difamación contra la que salió Félix Grande en un opúsculo titulado “La calumnia”.

Vicente Araguas

Lo cierto es que los Rosales, penados por el régimen de Franco, luego después, con multas muy severas por proteger a tan “peligroso” poeta, tuvieron una actitud nobilísima para con Federico García Lorca, ese prodigio. Conocí, brevemente (en persona digo, que su personalidad me era de sobra conocida, familiar de amigos íntimos míos, de Xuvia-Neda) a César Torres Martínez, gobernador civil de Granada hasta el día de su detención, 20 de julio del 36. Juzgado en juicio sumario, César le dio la vuelta al argumento de “adhesión a la rebeldía”, usado por los, precisamente, rebeldes / sublevados. Y dijo César Torres ante el tribunal, primeros días de agosto, que de rebelde nada, que se había limitado a seguir el criterio de “obediencia debida”. Al parecer sus creencias católicas hicieron que la pena de 30 años de prisión para él solicitada quedase “reducida” a 8, cumplidos entre otros presidios en el mítico Penal del Puerto de Santa María. Lorca, en cambio, no compareció ante tribunal alguno. Su muerte, el culpable máximo, parece haber unanimidad, fue un tal Ramón Ruiz Alonso, un político mediocre, un sujeto resentido, padre de tres actrices que optaron por seudónimos para huir de la vergüenza que semejante crimen provocaba en ellas.

Escribo este artículo un tiempo después de que Martínez Utrera, otro Federico, dictara conferencia magistral sobre nuestro poeta más universal, y tan inmenso, en la Casa de Cultura majariega, donde ese Colectivo Cultural de Majadahonda, antes tan solo de mujeres y ahora también de hombres, hace una labor bien admirable. Tan justa y necesaria como morir y resucitar cual hace FGL cada día en el mundo entero. Sí.

Este Ruiz Alonso dirigió la redada contra el refugio lorquiano con evidente desproporción de fuerzas. Luego el escritor pasaría a otras manos, igualmente criminales. Las mismas que ejecutarían al maestro Dióscoro Galindo, dicen que junto a Federico, la noche aquella, luego de un interludio en “La Colonia”. Lorca; ¿que pasaría por aquella mente tan llena de luz y, también, de presagios, semejante madrugada agosteña y agostada? Fernando Marías en su novela, “La luz prodigiosa”, luego bellísima película de Miguel Hermoso, quiso desmontar la historia haciendo que un desconocido con balazo en la cabeza que le hacía desvariar, apareciese totalmente ido en un convento de las proximidades, donde se desempeñó como jardinero hasta su muerte. Ido, sordo y mudo, su rostro, aquella cara ancha y noble, los ojos grandes y profundos, tan parecido al de Lorca. Lo que pudo ser y no fue. Escribo este artículo un tiempo después de que Martínez Utrera, otro Federico, dictara conferencia magistral sobre nuestro poeta más universal, y tan inmenso, en la Casa de Cultura majariega, donde ese Colectivo Cultural de Majadahonda, antes tan solo de mujeres y ahora también de hombres, hace una labor bien admirable. Tan justa y necesaria como morir y resucitar cual hace FGL cada día en el mundo entero. Sí.

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