
«El Premio Francisco Umbral, en el que algo tiene que ver nuestro Ayuntamiento (eso se dijo en el acto del martes, económicamente hablando, junto con la Fundación que representó en el sarao María España de Umbral) tal vez debiera volver a Majadahonda. Y no en un acto lateral como este al que asistí, yo sí, ilusionado. Porque donde esté Marcos Giralt Torrente yo voy a estar. Como lector, como adepto a los Torrente Ballester-Malvido»
VICENTE ARAGUAS (Majadahonda, 20 de mayo de 2026). “Los Ilusionistas” en la Umbral. (Majadahonda, 21 de mayo de 2026). No sé cuánto de ilusión habría en la Biblioteca Francisco Umbral este martes 19 de mayo en la presentación del libro de Marcos Giralt Torrente, “Los ilusionistas” (Anagrama). Concejales, unos cuantos, arropando a Doña Lola, quien leyó unas palabritas de trámite. Nada nuevo, nada con sifón, como aquello de «La Codorniz», en el mundo político-cultural: un espacio yermo. Y se presentaba en nuestra biblioteca, la única, algo anunció Doña Lola sobre un brillante futuro para lo que fue el Rosa Agazzi, el único edificio majariego que se salvó del desastre guerracivilista, A ver qué sale de ahí. Y la cosa es que se presentaba el libro de Marcos Giralt Torrente en el lugar donde nació el Premio Francisco Umbral, eso sí, luego de la presentación capitalina en la sede de la Comunidad.
No, no estaba entonces la Señora Ayuso, con lo que nos ahorramos alguna ocurrencia. Lo cual que el Premio Francisco Umbral, en el que algo tiene que ver nuestro ayuntamiento (eso se dijo en el acto del martes, económicamente hablando, junto con la Fundación que representó en el sarao María España de Umbral) tal vez debiera volver a Majadahonda. Y no en un acto lateral como este al que asistí, yo sí, ilusionado. Porque donde esté Marcos Giralt Torrente yo voy a estar. Como lector, como adepto a los Torrente Ballester-Malvido. Por paisano de todos ellos. Por lector compulsivo de Don Gonzalo. Pero también de Gonzalito “Gonca”, el mayor de las cuatro ovejas negras que componen la primera ronda filial del autor de “Los gozos y las sombras” (prefiero “Dafne y ensueños”, pero ahí tira de mí la razón de la ciudad ilustrada, Ferrol, claro que nos sigue acunando).

«Concejales, unos cuantos, arropando a Doña Lola, quien leyó unas palabritas de trámite. Nada nuevo, nada con sifón, como aquello de «La Codorniz», en el mundo político-cultural: un espacio yermo».
A mí, a bordo de este mundo, a Don Gonzalo en el cielo infinito de la altura literaria. Y este libro, soberbio, el mejor del año 2025, es la novela de una familia que, de suyo, son novela a lo grande. Realista, sin duda, picaresca, también, pero con los ribetes fantásticos que los “postizos”, como dicen en Andalucía a los parientes políticos, han ido poniendo en esta historia. Así el pintor Giralt, padre de Marcos, inspirador de ese libro estupendo de Torrente Giralt que se llama “Tiempo de vida”. “Los ilusionistas” es un acto de justicia, poética y de la otra, con Josefina Malvido, la primera esposa de Don Gonzalo, en Ferrol, Calle Rubalcava, Calle de los Muertos, Calle Gravina, mientras Don Gonzalo, pendiente aún de la venganza literaria, se azacaneaba por los alrededores de un Régimen que acabaría dándole la patada al firmar GTB un manifiesto contra las torturas a los mineros huelguistas y sus mujeres en la cuenca asturiana.

«Entre el público, sobre todo señoras, y ese personal majariego que no se pierde nada. Teresa Fernández Herrera, por ejemplo, tan fiel, tan dispuesta, tan majariega»

«Fernando R. Lafuente, quien tiene un punto de “crooner”, sin cantar, claro, pero entonando muy bien cuanto dice. También cuando señala que Marcos ya no es que desnude a sus familiares, sino que los deja –a lo castizo– en pelotas».
Y don Gonzalo se fue a Estados Unidos, y la literatura salió ganando porque allí tuvo los medios y el tiempo que aquí se le negaba. Pero eso es otra historia. Más biografía que novela. Y la de Marcos Giralt Torrente lo es. Y en la conversación, a tres, de la Umbral estuvieron José Andrés Rojo, incisivo pero más frugal en sus intervenciones que Fernando R. Lafuente, quien tiene un punto de “crooner”, sin cantar, claro, pero entonando muy bien cuanto dice. También cuando señala que Marcos ya no es que desnude a sus familiares, sino que los deja –a lo castizo– en pelotas. Y como voz solista del cotarro, la de Marcos Giralt Torrente, uno de los grandes de la literatura española actual. No se lo pierdan, no. Entre el público, sobre todo señoras, y ese personal majariego que no se pierde nada. Teresa Fernández Herrera, por ejemplo, tan fiel, tan dispuesta, tan majariega ya. Como Fernando R. Lafuente: todo un crack.







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