Tres años juntos, compartían casa, aún son pareja sentimental y se conocieron en un psiquiátrico, donde ella estaba internada por depresión. Su inconfundible acento eslavo y su perfecto español delatan su origen. Es rubia y atractiva. Conoció a Adriana Gioiosa, la inquilina argentina descuartizada, “una chica maravilllosa”, pero no a su tía desaparecida. “Gritaba las cosas raras de su mundo y llamaba a Lucifer, pero ¿por qué Lucifer? Porque tiene las letras ER”. Era la primera vez que hablaba en un medio de comunicación y lo hizo en el Programa de Ana Rosa (AR) de Tele 5, en una sensacional exclusiva. Llegó nerviosa pero quería contar la historia de Bruno Hernández, “el descuartizador de Majadahonda”.
Se conocieron en mayo de 2013 en el hospital en el que estuvieron ingresados. «Era muy agradable y se comunicaba bien con todo el mundo. Pero vive en dos mundos sin darse cuenta. Uno ideal y otro, el que conocemos todos nosotros», cuenta su novia. «Seguimos siendo pareja, es una persona muy buena y no debería estar donde está. Conmigo era una persona espectacular. Yo, malo no le he conocido nunca». Sin embargo, Bruno está en prisión acusado de dos asesinatos. «Me enteré por la Guardia Civil y pensé que era imposible que hubiera hecho algo así. Yo no vi armas, cuchillos ni la picadora. La persona que yo conozco es incapaz de hacer daño a nadie. Él no es satánico, gritaba las cosas raras de su mundo», dijo la novia de Bruno, que aseguraba que nunca le había visto violento, que solo hablaba de su mundo. «Yo le decía que se tomara la medicación porque los esquizofrénicos no son conscientes de su enfermedad ni de su doble vida”.



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