
MIGUEL SANCHIZ. (Majadahonda, 7 de octubre de 2026). La visión de un majariego. Legionario de honor. Aniversario de la Legión. La Legión en Ceuta ante la mayor crisis migratoria del siglo XXI. La crisis migratoria que vive Ceuta desde el verano de 2026 ha devuelto a la primera línea a una unidad que forma parte inseparable de la identidad de la ciudad: el Tercio “Duque de Alba” 2º de La Legión. Su presencia en las calles, en el espigón del Tarajal y en los accesos fronterizos ha sido constante durante semanas, pero su papel real ha estado marcado por una paradoja que merece ser contada: máxima exposición y mínima autoridad. Ceuta es, desde hace un siglo, territorio legionarios. García Aldave es la cuna histórica de la unidad, y la IV Bandera “Cristo de Lepanto” mantiene una relación casi orgánica con la ciudad. Por eso, cuando el 30 de julio el Tarajal colapsó y miles de personas cruzaron la frontera en cuestión de horas, la Legión fue la primera fuerza militar en desplegarse. Lo hizo con rapidez, disciplina y una serenidad que contrastaba con el caos del momento. Pero la realidad jurídica era otra. Los legionarios no podían detener, no podían registrar, no podían intervenir físicamente. Su misión se reducía a contener, orientar y formar barreras humanas para guiar los flujos hacia los corredores establecidos por Policía Nacional y Guardia Civil. En palabras de asociaciones militares, estaban “en primera línea, pero sin herramientas”. La imagen era elocuente: soldados entrenados para el combate actuando como agentes de tráfico en una frontera desbordada. Aun así, su presencia fue decisiva. La Legión aportó orden visual, disuasión, capacidad logística y una resistencia física que permitió sostener turnos de hasta 16 horas. Se suspendieron permisos, se replegaron efectivos y se activó un régimen de disponibilidad permanente. La ciudad, que conoce bien a sus legionarios, entendió que estaban haciendo todo lo que la ley les permitía… y quizá un poco más. Desde Majadahonda, donde la distancia nunca borra la memoria, la Legión se vive con una mezcla de respeto, afecto y gratitud. Ser Legionario de Honor no es un título: es una forma de mirar el mundo. Y cada 20 de septiembre, cuando se celebra el aniversario de este cuerpo, uno siente que Ceuta y García Aldave laten un poco más cerca.

LA CRISIS DE 2026 HA PUESTO A PRUEBA A LA LEGIÓN EN SU PROPIO TERRITORIO HISTÓRICO. Y quienes la conocemos desde dentro —aunque sea desde la hermandad simbólica del honor— sabemos que su fuerza no está solo en la disciplina, sino en algo más difícil de describir: la dignidad del servicio. Esa dignidad se ha visto estos meses en los rostros cansados, en los silencios de las guardias interminables, en la serenidad con la que han sostenido una frontera que se desbordaba. Para un majariego que celebra cada 20 de septiembre, la Legión no es un cuerpo militar: es una forma de estar en el mundo. Y Ceuta, en estos días, ha recordado a España que hay símbolos que no se improvisan. Se construyen con décadas de servicio, con memoria y con una lealtad que no necesita ruido. La crisis ha reabierto un debate que España evita desde hace años: ¿qué papel debe tener el Ejército en situaciones de presión migratoria extrema? La Legión ha demostrado que puede actuar con eficacia, pero también que el marco legal actual la deja expuesta y limitada. Ceuta, que vive entre la frontera y el mar, necesita claridad. Y la Legión, que es parte de su memoria, merece un marco operativo que no la convierta en espectadora de un problema que exige responsabilidad compartida. En estos meses, la unidad ha vuelto a ser lo que siempre fue: símbolo, presencia y compromiso. Pero también ha mostrado que, en la España de 2026, la frontera ya no es solo una línea geográfica: es un desafío político, jurídico y humano que exige decisiones de Estado. Y la Legión, desde Ceuta, espera que esas decisiones lleguen.


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