“Así, en Majadahonda, las empresas controladas por Correa se llevaron las campañas municipales de «Infoeuro» y «Manual de Identidad Corporativa», campañas que tuvieron una «sobrefacturación acordada» de 38.000 euros para que todos se llevaran su parte. La unión de empresas FCC-SUFI se llevó el millonario contrato de limpieza urbana y recogida de basuras por el que el Ayuntamiento pagó 26,1 millones. A cambio, Ortega recibió 150.630 euros y Correa, 360.793 euros, dinero que finalmente acabó en Suiza. Las empresas de Correa también se adjudicaron la Oficina de Atención al Ciudadano, por la que el alcalde Ortega se llevó otros 120.000 euros como gratificación. Además, el entramado de Correa facturó al Ayuntamiento 445.000 euros en servicios que finalmente no prestó. Por todo esto, ente los años 2001 y 2005, el alcalde Ortega recibió al menos 270.000 euros en metálico de la trama y 86.600 euros en regalos, principalmente viajes. Y el PP municipal, otros 133.600 euros. Dos buenos pellizcos”. Este fragmento es uno de los más reveladores del libro “Gürtel, la trama” del periodista David Fernández (El Confidencial.com), cuyo diario publicó este domingo un amplio extracto del mismo que ofrecemos a los lector@s de MJD Magazin.
“Lo cierto es que el pastel era demasiado goloso para que se lo comieran unos pocos. Correa y Ortega controlaban a su antojo los contratos municipales, pero el pastel en esos años era el ladrillo. Y eso era caza mayor. Romero de Tejada no le había dado todo el poder a Ortega. Sí, este tenía la Alcaldía, pero la empresa pública que manejaba el suelo, Pammasa, la controlaba Narciso de Foxá, hombre de confianza de Romero de Tejada. Empezó entonces una guerra sin cuartel, con dos bandos claramente enfrentados: por un lado la dupla Romero de Tejada-De Foxá, y por el otro el dúo Ortega-Correa. «Romero de Tejada manejaba en la sombra todas las operaciones urbanísticas de Majadahonda», señalaría Ortega en febrero de 2014 en una entrevista en Estrella Digital”.



«Me bastó luego poco tiempo para saber realmente quién era Correa. En septiembre de 2002 fue el padrino de boda de Alejandro Agag. Hombro con hombro con el presidente. Cenaba con Bárcenas todas las semanas, con Aznar cada dos o tres meses. Cómo ibas a pensar que era un chorizo. No lo piensas, era un tío multimillonario». Para entender cómo es posible que Correa manejara Majadahonda a su antojo hasta el punto de colocar a su esposa en un cargo de relevancia hay que contextualizar la situación política de este municipio en esos años. Guillermo Ortega había heredado la alcaldía en mayo de 2001 de las poderosas manos de Ricardo Romero de Tejada, que había ocupado el sillón de primer edil durante los 12 años anteriores. Romero de Tejada era secretario general del PP madrileño cuando su nombre apareció sospechosamente ligado al «Tamayazo», la deserción de dos diputados del PSOE que provocó el triunfo de Esperanza Aguirre en 2003. Ortega, por su parte, al que Correa apodaba ‘la Rata’, era un hombre fácil de comprar, al que el dinero y el lujo le fascinaban. Se dio entonces la combinación perfecta entre corrupto y corruptor, el caldo de cultivo necesario para que Correa campara a sus anchas por Majadahonda”.
Lea el extracto del libro sobre la «guerra» urbanística en Majadahonda


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