MANU RAMOS. El periodista Luis Herrero ha publicado su nueva novela titulada «Donde la tierra se acaba». Según se desprende de su epílogo, publicado en Libertad Digital, la idea original se la ofreció el cineasta Jose Luis Garci en su casa de Marbella y menciona la ciudad de Majadahonda en el Oeste madrileño. En el texto se describe el entorno urbano de la urbanización Guadalmina baja, enclave donde sucedió la conversación entre ambos, en el que «sólo faltan calaveras y tibias cruzadas en los troncos de las palmeras para ahuyentar las miradas inoportunas de los curiosos. Los propietarios quieren ver sin que les vean. Pero, ¿qué es lo que ven? Nada que no sobreabunde en los barrios residenciales de las grandes urbes: parterres encantadores, piscinas transparentes, techumbres vecinas de hormigón blanco o copas de acacias y arces japoneses diseminadas aquí y allá por paisajistas expertos. Desde ninguno de esos pulmones botánicos, idénticos a los de Majadahonda o La Florida, pongo por caso, puede verse el mar». Así explica el autor el nacimiento de su novela bajo las fiebres del Covid:

«Al día siguiente me enteré de que había pillado el Covid. Cuarenta y ocho horas más tarde me ingresaron en el hospital con insuficiencia respiratoria. La lotería del coronavirus había tenido a bien regalarme un décimo de su macabro sorteo y lo único que faltaba por saber era la cuantía del premio. A la espera de salir de dudas, cuando me quitaron el oxígeno para ver si los niveles de saturación se mantenían en unos parámetros espontáneos medianamente aceptables, comprendí que aquella iba a ser una lucha sin cuartel entre el puto bicho y mi capacidad de resistencia. Me daba mucha tranquilidad saber que estaba en buenas manos, parapetado en una trinchera hospitalaria de primer nivel, pero sabía que mi enemigo se las había ingeniado millones de veces en el último año para devastar defensas terapéuticas tan buenas como la mía. En ese trance regresé a la consideración de los momentos en los que he podido ser útil a los demás. Me seguía preocupando el hecho de que fueran muy pocos y rápidamente formulé el propósito de aumentar su producción antes de que fuera demasiado tarde. Las dudas sobre qué hacer por lo que pudiera pasar en las horas siguientes urgía comenzar a hacerlo cuanto antes. ¿Pero qué podía hacer yo de utilidad mientras la enfermedad deshojaba la margarita de mi futuro inmediato? ¡Escribir de política, no! Si lo hiciera conseguiría justo lo contrario de lo que andaba buscando».


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