Semana del Libro en Majadahonda con actividades para todos los públicos: Jueves 23: La Hora del Cuento. Viernes 24: Taller del cómic; Llévate un libro a casa; La sala de catapunchimpún. Sábado 25: Romances a la carta.

MIGUEL SANCHIZ. (Majadahonda, 23 de abril de 2026). Por qué regalamos un libro y una rosa: una tradición que une amor y cultura. Cada 23 de abril, las calles se llenan de flores, libros y una energía que mezcla celebración íntima y fiesta colectiva. El gesto de regalar un libro y una rosa parece tan natural que a veces olvidamos que es el resultado de dos historias distintas que, con el tiempo, se entrelazaron hasta convertirse en un símbolo universal. Y quizá por eso sigue emocionando: porque une lo que pocas veces camina junto, el afecto y el pensamiento. La parte más antigua de esta tradición es la rosa. Su origen se remonta a la leyenda medieval de Sant Jordi, patrón de Cataluña. El relato es conocido: un dragón amenaza a un pueblo, una princesa es ofrecida en sacrificio y un caballero la salva. Lo que no siempre se recuerda es el detalle poético que dio lugar al símbolo: de la sangre del dragón brotó un rosal, y Sant Jordi cortó una rosa para entregársela a la princesa.

Miguel Sanchiz y sus Encuentros con la Historia

UN DIA PARA REGALAR LIBROS Y ROSAS. A partir del siglo XV, Barcelona celebraba la Fira dels Enamorats, (Feria de los Enamorados) donde los hombres regalaban rosas a las mujeres que acudían a la capilla de Sant Jordi. Era un gesto de cortesía, pero también de reconocimiento. La rosa se convirtió en una forma de decir: te admiro, te respeto, te celebro, o te amo. Con el tiempo, esta costumbre evolucionó hacia una expresión más igualitaria y compartida, donde cualquiera puede regalar una rosa como símbolo de afecto sincero. El libro llegó mucho después. En 1926, el editor Vicente Clavel propuso celebrar una Fiesta del Libro en honor a Cervantes. Tras algunos cambios de fecha, en 1930 se fijó definitivamente el 23 de abril, día que tradicionalmente se asocia con la muerte de Cervantes y Shakespeare. Sin embargo, hay un matiz histórico interesante: en realidad no fallecieron el mismo día. Cervantes murió el 22 de abril de 1616 (aunque fue enterrado el día 23 en España, que ya utilizaba el calendario gregoriano), mientras que Shakespeare murió el 23 de abril según el calendario juliano vigente entonces en Inglaterra, lo que correspondería al 3 de mayo en el calendario actual.

HOMENAJE UNIVERSAL A LA LITERATURA. Esta aparente coincidencia, más simbólica que exacta, fue suficiente para convertir la fecha en un homenaje universal a la literatura. Décadas más tarde, en 1995, la UNESCO adoptó ese mismo día como Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, consolidando su dimensión internacional. Así, en Cataluña coincidían dos celebraciones distintas en un mismo día: • la rosa, nacida de una leyenda medieval,
• el libro, fruto de una iniciativa cultural del siglo XX. A partir de mediados del siglo XX, regalar un libro y una rosa se convirtió en una costumbre compartida, primero en Cataluña y después en toda España. El gesto funciona porque es completo: • la rosa expresa afecto,
• el libro expresa reconocimiento intelectual. Es una forma de decir: te quiero y te admiro; te regalo algo bello y algo que te hará pensar. Quizá por eso la tradición ha sobrevivido a modas, crisis y pantallas: porque sigue ofreciendo un equilibrio que seguimos necesitando. ¿Existe algo parecido en otros países? No exactamente igual. En muchos lugares se celebra el Día del Libro con ferias, firmas y actividades culturales, y en otros existen tradiciones de regalar flores como símbolo de amor. Pero lo singular de Sant Jordi es precisamente la fusión de ambos gestos en uno solo, vivido además de forma colectiva en el espacio público. En otras culturas, el amor y la cultura suelen celebrarse por separado; aquí, en cambio, dialogan. Con el paso del tiempo, esta tradición ha traspasado fronteras más como inspiración que como copia. Algunas ciudades del mundo han empezado a incorporar elementos de esta fiesta —libros en la calle, rosas, encuentros entre lectores—, pero pocas han logrado reproducir ese equilibrio natural entre lo íntimo y lo compartido, entre lo simbólico y lo cotidiano.

HOY, 23 DE ABRIL ES UNA FIESTA QUE TRANSFORMA CIUDADES ENTERAS. Librerías, colegios, bibliotecas y plazas se llenan de vida. Los autores salen al encuentro de sus lectores, los paseos se convierten en recorridos entre historias y las conversaciones giran, aunque sea por un día, en torno a libros. No es solo una celebración cultural: es una forma de habitar el espacio público desde la palabra y el afecto. En un tiempo acelerado, esta tradición nos recuerda algo esencial: la cultura también se regala, y el amor también puede ser un acto de lectura. En ese pequeño intercambio —una rosa y un libro— se encierra una idea poderosa: que pensar y sentir no son mundos opuestos, sino complementarios. Tal vez por eso seguimos repitiendo el gesto año tras año. Porque, sin necesidad de grandes discursos, nos permite decir algo importante de una manera sencilla: que hay personas a las que queremos, amamos… y también admiramos.

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