«Desde su muerte en 2012, he procurado llevar su obra a colegios públicos e institutos, centros culturales y cívicos, bibliotecas y centros psicosociales de Santander y Cantabria, así como a Madrid, Valladolid o Majadahonda»

MATILDE GUISÁNDEZ. (Majadahonda, 12 de mayo de 2026). Matilde Camus, La voz que llega de Cantabria. El día 28 de abril, hará 14 años que la voz de Matilde Camus quedó en silencio. Pero solo en apariencia. Su legado sigue vivo. En vida confesó haber trabajado cada palabra de sus poemas como una “alfarera de versos y expresiones”. También afirmó que su poesía nacía del “deseo de encontrar la palabra más exacta, desnuda de artificio, sin reserva… leal conmigo misma”. En esa búsqueda de verdad reside una de las claves de su permanencia. Ese cuidado y sinceridad que Matilde Camus entrega en su obra, conectan con lo más íntimo de quienes se acercan a ella. Para Camus, la poesía fue también terapéutica; le ayudó a afrontar y superar un temperamento melancólico, marcado por la pérdida prematura de su madre y de su única abuela. Esa sensibilidad la hizo mirar la vida con intensidad, percibiendo cuanto ocurría a su alrededor: “Siento todo pesar profundamente, es por ello que busco encantamiento para no sucumbir y ser poeta triste, quejumbrosa al notar desgarrado el corazón…”

Desde su muerte en 2012, he procurado llevar su obra a colegios públicos e institutos, centros culturales y cívicos, bibliotecas y centros psicosociales de Santander y Cantabria, así como a Madrid, Valladolid o Majadahonda. Con motivo del Día del Libro se ha celebrado el Primer Certamen Poético Matilde Camus en el Instituto Santa Clara de Santander —donde cursó bachillerato la poeta—, abierto a estudiantes de ESO y Bachillerato. Su poesía también ha llegado al Centro Penitenciario de El Dueso, en Santoña, donde sus versos permitieron ayudar a los internos, nombrar emociones a veces silenciadas. La poesía de Matilde Camus no pertenece al pasado: sigue despertando emociones en quien la lee. Vive en los jóvenes que la descubren, en quienes encuentran consuelo en sus versos y en quienes reconocen en su palabra una forma honesta de mirar el mundo. Hoy, la obra de Matilde Camus continúa abriéndose camino entre nuevas generaciones de lectores. Su poesía, nacida desde la intimidad, sigue demostrando una inesperada dimensión social y humana. Mantener viva la obra de Matilde Camus no responde solo a un ejercicio de memoria, sino a una convicción cultural: hay voces que no deben quedar relegadas al olvido.

Ex libris, diseñado por su esposo Justo Guisández y que tiene en su leyenda: «Soy del Camus primitivo, asentado en fértil cueto, linaje de tal respeto que fundó consejo activo»

UNA PAREJA EJEMPLAR: MATILDE CAMUS Y JUSTO GUISÁNDEZ. La página web de Matilde Camus contiene la siguiente biografía: «En el año 1936, conoce a un joven madrileño, al que la guerra detiene en Santander: Justo Guisández García, que fue también estudiante en el Instituto de Santa Clara. Comparten la afición por el arte, él había estudiado en Madrid, además del Bachiller en el Instituto de San Isidro, en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando y le enseña algunos dibujos, la soñadora Matilde, le cuenta que escribe y le lee algunos poemas. Cuando él regrese a Madrid, la introducirá en las publicaciones del SEU. Matilde expresa en la poesía sus sentimientos más hondos, llenos de ideales de una realidad en paz y en justicia, con el seudónimo de Matty. Avanzan sin prisa en el conocimiento mutuo y en el año 1943 se casan en la parroquia de San Pedro de Lugar de Monte, y se instalan en Santander. Los casa el Padre Carballo, eminente profesor de geología e historia de ambos en 6º de bachiller. El matrimonio tuvo 4 hijos: Justo Francisco, Francisco Javier, Matilde y Miguel Angel. Conocieron 10 nietos y 13 bisnietos. Hasta el año 1965, nunca deja de plasmar sus sentimientos y vivencias en poemas, que apenas conocen sus íntimos. cuando muere su padre y ante la marcha de la casa de sus hijos mayores por estudios o trabajo, padece un sentimiento profundo de tristeza. Su esposo, corta esta incipiente depresión, animándola a retomar su amor por la poesía. «El matrimonio comienza a asistir a las tertulias literarias del Ateneo de Santander, en el que Matilde ejercerá años más tarde la presidencia de la Sección de Literatura y su esposo la Secretaría. Justo Guisández retoma los pinceles para vivir la aventura del mundo artístico junto a ella; forman parte del grupo MAS (Movimiento Artístico Santanderino), comparten inquietudes literarias y al cabo de un tiempo, vence su timidez y se anima a leer sus poemas. Sorprendiéndose de la buena acogida que se les dispensa. Estudiar, escuchar, saber mirar e ir trabajando, disciplinada e intensamente los poemas, durante las noches, que ella sabía prolongar hasta bien entrada la madrugada. Así nace la poeta apasionada por expresar cuanto vive y observa vivir, desde este momento, los dedos que se deslizan raudos por el teclado de su maquina, lo plasman en abundantes folios, casi sin tregua. Decide firmar como Matilde Camus, en memoria de su madre e inicia su prolífica obra con el libro Voces, en el año 1969. Gerardo Diego, rompe su norma y le envía un original Prologo musicado y la presenta en el Ateneo de Madrid, de lo que se conserva testimonio de audio».

«SU MARIDO SIEMPRE LA APOYO A VIVIR SU VOCACIÓN DE POETA. Le dio serenidad para que pudiera hacer su trabajo, la acompañó en sus investigaciones y dibujó algunas de las ilustraciones y portadas de sus libros. Fue una mujer creyente, católica, la fe es trasversal a su obra y a su vida, esta espiritualidad la acercó a las dificultades de los demás, lo que es evidente en muchos de sus poemas y libros. Tenía gran sentido del honor a la palabra dada, amor a la justicia y la verdad a cuya defensa nunca renunció, a pesar de su tendencia a la armonía, la dolía la desigualdad, el sufrimiento, la mentira… Si bien siempre tuvo una mirada crítica, su compromiso con la denuncia, van emergiendo con el paso de los años y se convierten en protagonistas de la mayoría de poemas de los últimos libros. Durante los últimos años de su vida, la mente de Matilde quedó en brumas, padeció Alzheimer. Conservó durante largo tiempo la capacidad lectora y jamás perdió la hermosa sonrisa que sabía dedicar a cuantos la visitaban, especialmente a sus bisnietos; ni el amor de su esposo que la cuidó hasta su último aliento… Solo 20 días separaron su partida; Justo muere el 8 de abril y Matilde el 28 del mismo mes del año 2012, sus hijos cumplieron su deseo de ser enterrada junto a su esposo y sus antepasados en el Cementerio de Lugar de Monte, como había escrito en uno de sus poemas : «Si lejos de Monte muero… llevadme a él sin tardar».

 

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