JUANMA CUETO. La famosa película “Match Point” de Woody Allen del año 2005 simboliza lo ocurrido en la final de la 30º edición del Torneo de Campeones de Fútbol 7 disputada en los campos federativos “Ernesto Cotorruelo” este domingo 6 de junio (2021). El Rayo Majadahonda alevín A de fútbol 7 perdió ante el Colegio Andel (Alcorcón) en la tanda de penaltis tras finalizar el partido y la prórroga con empate a cuatro. “La vida es puro azar” o “más vale tener suerte que talento” son frases textuales que aparecen en la película. Ganar o perder una final depende muchas veces de la lotería de los penaltis. Es como un partido de tenis. Un jugador golpea la pelota, toca en el extremo superior de la red y el azar, sólo el azar, dictamina en qué lado de la pista cae. Nuestro querido “Rayito” mereció el título, pero la bola cayó al otro lado de la red. Una metáfora aplicable al fútbol. La suerte puede ir a favor o en contra en cuestión de segundos. El tiempo exacto transcurrido entre un penalti fallado y otro que acaba en la red. “Match Point” en estado puro. Así es la vida. Una lección diaria. Un contraste de alegrías y penas. Una montaña rusa plagada de grandes momentos y curvas difíciles de sortear. Lo mismo que la final: 2-0, 2-3, 4-3, 4-4…

Juanma Cueto

Las lágrimas de los chavales en el césped se transformaron minutos después en lágrimas de orgullo celebrando el subcampeonato con una buena comida y risas continuas en el Monte del Pilar. Tendrán muchas “Champions” como esta. Dignos finalistas. Equipazo. La cabeza siempre bien alta. Saber estar. Deportividad. Señas de identidad perfectamente marcadas. La lectura es muy fácil. Sólo pierden finales los que llegan y sólo fallan penaltis los que se atreven a tirarlos en circunstancias extremas de máxima tensión. No hay reproches. Todos juntos en los buenos y malos momentos. Ganar es importante, pero mucho más creer en los compañeros y fomentar el buen ambiente en el vestuario. Ir de la mano en cada entrenamiento y en cada partido. Para ganar títulos es necesario perder otros. Peaje obligatorio en el camino hacia la gloria. Seguro que en un futuro a corto plazo los hoy flamantes subcampeones de la Comunidad de Madrid subirán a lo más alto del podio. 

Rayo Majadahonda alevín A, subcampeón de Madrid

Quédense con la personalidad de Daniel Perea, la agilidad de Javier Cueto, la colocación de Martín Méndez, la zurda de oro de Gonzalo Barranco, el peligro de Yeison Matos, el carisma del capitán Nicolás Escalonilla, los golazos de Miguel Ocaña “Miki”, la seguridad de Martín González, el atrevimiento de Diego Jiménez, la constancia de Diego Taffouraud “Taffu”, la fuerza de Ángel Pérez Ramírez, el esfuerzo constante de Rubén Cubo, la polivalencia de Manuel López o la regularidad de Diego Vallejo. La derrota no empaña una temporada espectacular. La mítica frase de Luis Aragonés, “ganar, ganar, ganar y ganar… y volver a ganar” podría aplicarse perfectamente a este grupo de chavales que desbordan entusiasmo, alegría, entrega, sacrificio, humildad, solidaridad y compañerismo dentro y fuera del césped. Una piña humana formada por jóvenes talentos del balón que han llevado al club a la cima en las categorías inferiores. No han parado de ganar. Han sido campeones de liga de su grupo con un pleno de victorias. El mejor aval para competir después en el Torneo de Campeones de Fútbol 7 eliminando a grandes equipos como el Atlético de Madrid (5-1 y 2-0), El Prado (1-0) o Retamar (5-3) antes de plantarse en la final.

Ramiro López de Hontanar, “Rami” para los amigos, merece un capítulo aparte. Sobresaliente labor. El artífice del éxito. Rigor. Experiencia. Maestro. Un diez como entrenador y persona. No es fácil dirigir desde el banquillo a catorce niños con personalidades muy distintas y conseguir que la palabra “Equipo” permanezca marcada a fuego en el vestuario durante una temporada tan complicada por culpa de la pandemia: “Lo mejor ha sido disfrutar con ellos de este largo camino desde el minuto uno. Han querido trabajar y aprender. Se han exigido al máximo. Cada paso ha sido muy especial. Tiran del carro todos por igual. Sus lágrimas en la final han sido de rabia porque íbamos ganando 2-0 y el título estaba muy cerca. Estoy orgulloso de mis jugadores. Ojalá los tuviera otra vez conmigo la próxima temporada en infantiles. Soy feliz a su lado. Valen mucho como futbolistas y como personas”. Han crecido a su lado. Justo, cercano, entrañable, servicial, bromista, simpático, trabajador y líder. Un tipo que merece mucho la pena. Así le ven sus alumnos aventajados.

El curso escolar es tan importante como practicar deporte. Una escuela de valores continua que ha salpicado igualmente a los padres. Presenciar un partido en la grada es sinónimo de alegría, fiesta, incertidumbre o nervios cuando los partidos se complican. Un buen rollo permanente que contagia vitalidad. Lo importante es pasarlo bien, divertirse, hacer amigos y formar a los pequeños. La mejor terapia para desconectar y disfrutar a tope viendo a sus hijos competir al máximo nivel. La final tuvo un desenlace de infarto. Cualquiera pudo ser campeón.

Es tan importante saber ganar como saber perder y, ahí, el escudo del Rayo Majadahonda pesa mucho. Su camiseta obliga a dar ejemplo. Nadie falló. Aplauso unánime al rival. El Rayo Majadahonda tiene una cantera impresionante, pero este grupo siempre estará con letras de oro en la historia del club. Nadie pretende descubrir en casa al futuro Messi, Cristiano Ronaldo, Neymar o Mbappé. Tampoco a Oblak o Courtois. Lo más importante es transmitir a los chavales los valores fundamentales del deporte. Ser buenas personas está muy por encima de ser un genio del fútbol. Enhorabuena por una temporada inolvidable con “Rami” a la cabeza. Se merece un monumento. Seguro que ya está en la agenda de los mejores clubes de la Comunidad de Madrid y algún día le veremos triunfar en la élite. El champán ya está preparado. Un brindis por el “míster”. Vea el partido completo aquí.

Majadahonda Magazin