«Lo que se vio en el pleno del Ayuntamiento de Majadahonda fue la expresión de una forma de entender el poder profundamente arrogante: la de quienes confunden una mayoría absoluta con una patente de corso para despreciar a la Oposición, ridiculizar a sus representantes y convertir las instituciones municipales en un cortijo de partido«

MIGUEL SANCHIZ. (Majadahonda, 28 de mayo de 2026). Cuando el poder confunde gobernar con despreciar. Lo ocurrido en el último pleno del Ayuntamiento de Majadahonda no puede despacharse como una simple anécdota, ni como un exceso verbal propio del debate político. Es mucho más grave. Lo que se vio fue la expresión de una forma de entender el poder profundamente arrogante: la de quienes confunden una mayoría absoluta con una patente de corso para despreciar a la Oposición, ridiculizar a sus representantes y convertir las instituciones municipales en un cortijo de partido. La actitud de algunos concejales del Partido Popular (PP), especialmente ante la intervención del portavoz adjunto de «Vecinos por Majadahonda», Federico Martínez, resulta impropia de cualquier cargo público. Que un concejal se ría, gesticule, haga aspavientos o adopte una actitud burlesca mientras otro representante democráticamente elegido está ejerciendo su labor de control no es una muestra de espontaneidad ni de carácter: es una falta de respeto institucional. Y lo es no solo hacia Federico Martínez, sino hacia todos los vecinos a los que representa. Porque conviene recordar algo elemental que algunos parecen haber olvidado: los concejales de la Oposición no están allí por capricho. Están allí porque miles de ciudadanos les han votado. Despreciarles, interrumpirles o ridiculizarles equivale a despreciar a todos esos vecinos. Cada risa fuera de lugar, cada gesto de suficiencia, cada comentario despectivo dirigido contra la Oposición es, en realidad, un mensaje dirigido a una parte importante de Majadahonda: “ustedes no cuentan”.

Miguel Sanchiz

LA REACCIÓN DE LA ALCALDESA, MARÍA DOLORES MORENO, AGRAVA TODAVÍA MÁS EL PROBLEMA. Cuando Federico Martínez solicitó amparo ante una conducta que consideraba irrespetuosa, la alcaldesa tenía la obligación institucional de garantizar el orden, la dignidad del debate y la igualdad entre los miembros de la corporación. No lo hizo. Su pasividad no fue neutralidad; fue una toma de partido. La imparcialidad de quien preside un pleno no consiste en mirar hacia otro lado cuando los suyos se extralimitan, sino precisamente en corregirlos cuando corresponde. Si la vara de medir cambia según quién hable, entonces la presidencia del pleno deja de ser árbitro y pasa a ser escudo del Gobierno municipal. RESULTA ESPECIALMENTE PREOCUPANTE QUE ESTA ACTITUD NO PAREZCA UN HECHO AISLADO, sino parte de una dinámica más amplia. La acumulación de insultos y descalificaciones dirigidas a la Oposición –“casposos”, “manipuladores”, “mentirosos”, “indeseables” y otras expresiones similares– revela un deterioro del clima democrático municipal. No estamos ante una discrepancia política intensa, sino ante una cultura del menosprecio. Una cosa es rebatir argumentos con firmeza y otra muy distinta es degradar al adversario hasta convertirlo en objeto de burla permanente. Esa forma de hacer política empobrece el Ayuntamiento y perjudica directamente a los vecinos. Mientras los concejales del PP se dedican a exhibir superioridad, muecas o sarcasmos, los problemas reales de Majadahonda quedan en segundo plano. La vivienda, la movilidad, los servicios públicos, los contratos municipales, la transparencia o el uso de los medios de comunicación institucionales merecen debates serios, no teatrillos de autosuficiencia.

«Infantilismo» en algunos concejales del PP en Majadahonda: «Una cosa es rebatir argumentos con firmeza y otra muy distinta es degradar al adversario hasta convertirlo en objeto de burla permanente. Esa forma de hacer política empobrece el Ayuntamiento y perjudica directamente a los vecinos»

«La respuesta recibida, entre risas y desprecios, confirma la gravedad del problema. Cuando un Gobierno no tolera que se le pida neutralidad en los medios municipales, algo falla. Y cuando además quien reclama esa neutralidad es tratado con burla, el fallo deja de ser administrativo para convertirse en democrático»

Y PRECISAMENTE AHÍ ESTÁ EL FONDO DE LA CUESTIÓN: la Oposición planteaba una moción sobre neutralidad y pluralismo en la comunicación institucional. Es decir, pedía algo tan básico como que los canales pagados con dinero público no se utilicen como escaparate del Gobierno local ni como maquinaria de propaganda del partido que gobierna. La respuesta recibida, entre risas y desprecios, confirma la gravedad del problema. Cuando un Gobierno no tolera que se le pida neutralidad en los medios municipales, algo falla. Y cuando además quien reclama esa neutralidad es tratado con burla, el fallo deja de ser administrativo para convertirse en democrático. La mayoría absoluta no autoriza a humillar. Gobernar no significa apropiarse del Ayuntamiento, ni confundir la institución con las siglas del PP, ni convertir el pleno en un espacio donde la Oposición debe soportar desplantes para poder hablar. La democracia municipal exige respeto, escucha y control. Sin Oposición dignamente tratada no hay fiscalización real y sin fiscalización la mayoría se desliza peligrosamente hacia la soberbia. Lo ocurrido con Federico Martínez debería hacer reflexionar al Gobierno municipal. Pero, sobre todo, debería hacer reflexionar a los vecinos. Porque el desprecio a la oposición es, en el fondo, desprecio al pluralismo. Y despreciar el pluralismo es despreciar a Majadahonda.

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