
Es curioso: los mayores reciben más mensajes automáticos que mensajes humanos. Más confirmaciones de envío que palabras de afecto. Más códigos de seguimiento que llamadas inesperadas. La soledad también se alimenta de la falta de utilidad. Durante décadas, los mayores fueron el centro de la familia, los que sostenían la casa, los que tomaban decisiones, los que resolvían problemas. Hoy, en cambio, sienten que ya no se les necesita. Y sin embargo, su experiencia, su memoria y su mirada pausada son más valiosas que nunca
MIGUEL SANCHIZ. (Majadahonda, 15 de mayo de 2026). Semana del Mayor en Majadahonda. La soledad de los mayores no suele aparecer en los titulares, pero está ahí, silenciosa, creciendo como una sombra que avanza despacio. No es una soledad dramática, ni siempre triste. Es una soledad que se instala en la vida cotidiana, en los huecos que dejan los proyectos ajenos, en las conversaciones que ya no llegan, en los planes que nunca incluyen a quienes han vivido más que nadie. Es una soledad que no duele de golpe, sino que se va acumulando, como el polvo en los muebles que ya no se usan. Los mayores, incluso aquellos que están rodeados de cariño, respeto y buena voluntad, quedan muchas veces fuera de los proyectos reales de la familia. Se les invita a las celebraciones, a las fiestas señaladas, a los cumpleaños y a las Navidades. Se les sienta en la mesa principal, se les abraza, se les fotografía. Pero cuando llega el día a día, cuando la vida se organiza en torno a metas, trabajos, viajes, estudios o ilusiones nuevas, los mayores quedan en un segundo plano. No por falta de amor, sino por falta de costumbre. La sociedad entera ha aprendido a mirar hacia adelante, pero no siempre a mirar alrededor.
LA SOLEDAD NO ES SOLO AUSENCIA DE COMPAÑÍA. Es ausencia de participación. Es no estar en los planes, no ser parte de las decisiones, no tener un papel en el guion de la vida de los demás. Es escuchar: “Ya te lo contaremos cuando lo tengamos decidido”. Es sentir que el mundo se mueve a una velocidad que ya no se puede seguir. Es ver que los hijos y los nietos viven en un universo digital donde todo ocurre en pantallas, notificaciones y mensajes instantáneos. Y si no sabes manejarte en ese mundo, te quedas fuera. Literalmente fuera. Hoy, los mayores no esperan cartas. Ya nadie escribe cartas. No esperan postales, ni notas manuscritas, ni sobres con matasellos. Lo único que esperan, a veces, son los paquetes que ellos mismos han pedido a Amazon o a Temu. Esos paquetes que llegan puntuales, que llaman al timbre, que traen algo que han elegido ellos mismos. Es curioso: los mayores reciben más mensajes automáticos que mensajes humanos. Más confirmaciones de envío que palabras de afecto. Más códigos de seguimiento que llamadas inesperadas. La soledad también se alimenta de la falta de utilidad. Durante décadas, los mayores fueron el centro de la familia, los que sostenían la casa, los que tomaban decisiones, los que resolvían problemas. Hoy, en cambio, sienten que ya no se les necesita. Y sin embargo, su experiencia, su memoria y su mirada pausada son más valiosas que nunca. La sociedad corre tanto que ha olvidado que la calma también es un talento.
NO SE TRATA DE CULPAR A NADIE. SE TRATA DE RECONOCER UNA REALIDAD. La soledad de los mayores no es un fracaso individual, sino un síntoma colectivo. Y como sociedad, podemos hacer algo tan simple como incluirlos. No solo en las fiestas, sino en los proyectos. No solo en las fotos, sino en las decisiones. No solo en los recuerdos, sino en el presente. Yo no hablo de “los mayores” como si fueran otros. Yo soy uno de ellos. Tengo 93 años y sé de lo que hablo. Sé lo que es ver cómo el mundo cambia de idioma y de ritmo, y cómo, si no sabes manejarte en lo digital, corres el riesgo de quedarte al margen. Sé lo que es recibir más mensajes de empresas que de personas, más avisos de entrega que cartas, más silencio que conversación. Por eso, cuando hablo de mirar el futuro con calma, no lo digo desde la teoría, sino desde la vida vivida. A mi edad, uno aprende que el futuro no es solo cosa de jóvenes. Mientras seguimos aquí, también tenemos futuro, aunque sea más corto, aunque sea distinto. Y ese futuro puede ser más amable si quienes nos rodean nos miran, nos escuchan y nos incluyen. Mirar el futuro con calma es un acto de sabiduría. Yo, que he vivido mucho, elijo hacerlo así. Y creo que, incluso para los que hemos vivido mucho, el futuro puede seguir siendo un lugar amable. Solo hace falta que no nos dejen fuera. Y que nosotros, los mayores, sigamos mirando hacia adelante, con serenidad, sin renunciar a seguir estando vivos también en los proyectos de los demás.







Muy buen comentario Miguel
Muy bien reportado es realidad,
Como mayor suscribo y comparto todo lo que, con la maestría y profesionalidad que habitualmente trabaja, Miguel refleja en su artículo. En este pequeño gran mundo llamado tierra aún existen países, orientales la mayoría, por cuestiones religiosas, sociales, costumbristas, etc., al mayor se le respeta, se le consulta y se le acompaña hasta sus últimos días.
Salud para todos/as.
Como siempre, tienes mucha razón, esperemos la gente, los jóvenes y los de mediana edad razonen y de acuerden de la inclusión de conversar, de aprovechar su sabiduría, su experiencia, tan rica, tan vivida.
Un fuerte abrazo Miguelito.
Bravo Maestro ! cuanta verdad ! Y no podríamos comenzar a cultivar entre nosotros el arte epistolar ? Es triste abrir el buzón lleno de papel publicitario cuando tenemos aún tanto que contar …pensemos…
Feliz día de San Isidro Labrador.
Miguel, si ser mayor es lo que indicas en tu artículo, yo no me siento mayor con 70 años, ni tu con tus 93, es más, diría que tú eres más joven que yo. A mí, mis hijos ( que ya son mayores, ja, ja), me sigue llamando Google y cuentan conmigo para que cuide a sus hijos y me siguen pidiendo consejos. Es más a vez me exigen demasiado y no sé dan cuenta que ya soy mayor.
Un saludo y que tú juventud sea eterna para poder leer tus maravillosos artículos
Me remito al » Edadismo» , visibilizar la injusticia hacia los mayores, discriminación, prejuicios, etc. que excluye la sabiduría y el amor, esencia de las generaciones.
Concienciar a la sociedad y prestar atención ante situaciones injustas, no hay excusa de los problemas impuestos por la acción acelerada de nuestros tiempos, algo falla, quizá la disminución emocional y empática hacia el prójimo, el mecanismo mental, es igual cuando hay discriminación hacia esto o hacia aquello.
Meditemos.
Saludos.
Amigos, ésto es lo que hay, nos tenemos que hacer de un lado o la realidad nos atropella, igual cuando usas la escalera mecánica, ponte del lado derecho, por ese lado, llegamos igual, saludos
Así es la vida (ahora). ¡Lo has clavado, querido Miguel!.
El don de poder plasmarlo , tan solo está en la pluma de los elegidos. ¡Enhorabuena!
Muy bien explicado Miguel. Me quedo con que la sociedad mira hacia adelante pero no mira alrededor. Yo creo que ni nosotros mismos lo hacemos. Siempre digo lo mismo, nos mentalizamos para no hacer nada o solo ocio. Pero deberíamos organizarnos para hacer proyectos conjuntamente te que nos llenen que nos trasciendan hacia los demás y vayamos poco a poco nuestra mentalidad y la de la sociedad.
Miguel me ha encantado tu articulo, creo que ser mayor también tiene sus cosas positivas, organizar tu tiempo y no dejar que te aparten a un lado, sentirse útil y hacer cosas que cuando éramos más jóvenes no podíamos por no tener tiempo, ahora es nuestro momento y hay que aprovecharlo, muchas gracias
Cuando nos hacemos mayores, debemos aprender a hacer nuestra propia vida, nuestros hijos ya tienen la suya, y deben tenernos ahí para cuando nos necesiten y viceversa. Si esto es así, todo está bien. Gracias Miguel, es un lujo tenerte.
Buenísimo artículo.
Es un verdadero placer leer tus artículos 😉.
La soledad de los mayores. Magnífico artículo Miguel. Yo la siento como poder estar rodeada de personas y sentir Soledad. O vivir sola y No sentirme así. Gracias .
Excelente artículo del que, entre otros muchos posibles, me quedo con un titular:
«Mirar el futuro con calma es un acto de sabiduría»
Magnífico
Interesantemente la tecnología informática actual contribuye a compensar la soledad por ejemplo haciendo posible que en estos instantes me pueda dar el placer de comunicarme con ustedes desde la Patagonia a Majadahonda y al resto del planeta. A veces se hace difícil encontrar un poco de tiempo para tener un poco de soledad que también es buena compañera. Saludos desde Bariloche
Pues que soliciten Cuidadores que hacemos mucha falta y somos muchas en busca de empleos dispuestas a ayudar a las familias con el cuidado de los abuelitos.