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Prioridad: salvar el Monasterio de El Escorial, la NASA de Robledo de Chavela y el Safari de Aldea del Fresno

El Monasterio de El Escorial fue objeto de una operación de simulacro para prever un incendio. En 1671 sufrió los efectos devastadores de las llamas con una pérdida artística irreparable que aminoraron los propios monjes y vecinos con cubos de agua

MARIANA BENITO. (Majadahonda, 25 de julio de 2026). El Plan de Emergencias elaborado ante el descomunal y voraz incendio que ha sufrido la Comunidad de Madrid este viernes 24 de julio tuco como primer objetivo salvar las personas, el segundo salvar las viviendas y el tercero salvar los monumentos artísticos, organismos científicos o espacios naturalistas y medioambientales. La prioridad fue por ello proteger el pueblo de San Lorenzo, donde se encuentra El Escorial, el Palacio y Monasterio Real del siglo XVI de Felipe II, seriamente amenazado por las llamas. La Guardia Civil desalojó también este viernes a los más de 90 empleados del Complejo de Comunicaciones del Espacio Profundo de la NASA, en Robledo de Chavela. No se pudo corroborar que las llamas hubiesen entrado a la estación, según ha dicho en el Canal 24 Horas de RTVE la asistente ejecutiva de la NASA en el centro de Robledo de Chavela, Lola Cadierno. En sus declaraciones, la asistente ejecutiva ha mostrado su deseo de que la estación no se vea afectada «porque seria catastrófico para todo el mundo». «Sería una catástrofe si uno de ellos falla, porque el seguimiento de las misiones al espacio profundo se hace 24 horas al día 365 días al año, y no se podría hacer el seguimiento en esta parte del mundo», ha concluido a la Cadena SER. La instalación amenazada es el Madrid Deep Space Communications Complex (MDSCC), la única infraestructura de la NASA en España y una de las 3 únicas estaciones terrestres de la Red del Espacio Profundo (Deep Space Network, DSN) que la agencia estadounidense tiene repartidas por el mundo, junto a las de Goldstone (California) y Canberra (Australia).

Los empleados del Safari de Madrid y la empresa Transportes de Caballos Santiago Revuelta han tenido una actitud heroica en el salvamento de animales, aunque en otros municipios han muerto varios caballos, ovejas, cerdos…

EL SAFARI DE MADRID Y LOS RESCATADORES DE ANIMALES. El Safari de Madrid tambien vivió horas de máxima tensión. El parque activó sus protocolos de emergencia y confinó a los animales potencialmente peligrosos. A orillas del río Alberche y cerca de San Martín de Valdeiglesias y Aldea del Fresno, este centro de visitas de aninales ha sido epicentro de uno de los incendios que asolan la Comunidad de Madrid. Por su parte, la empresa Transportes de Caballos Santiago Revuelta se ha convertido en una red de rescate improvisada sin cobrar ni un euro. Su único objetivo es salvar el mayor número posible de animales antes de que las llamas los alcancen. «Nos empezamos a ofrecer para ayudar completamente de forma voluntaria a cualquiera que lo necesitara. Caballos, ovejas, cerdos… Lo que hiciera falta». Por eso su teléfono no ha dejado de sonar. Unas peticiones de auxilio de animales han acabado bien, pero Natalia aún tiene clavada la de un vecino de El Tiemblo que les pidió ayuda desesperadamente para sacar a su caballo de una finca privada. «Nos dijo: “Por favor, sacadme mi caballo de aquí”». Hicieron todo lo posible para enviar un remolque solo para ese animal. Pero ya era tarde. «A los dos minutos nos volvió a llamar llorando para decirnos que ya no podía hacer nada, que le habían evacuado y que había tenido que dejar el caballo allí», cuenta con profunda tristeza. «Ese es uno de tantos caballos que se han quedado en el sitio», lamenta Natalia en La Razón. El cielo está rojo y el humo apenas deja ver la carretera. Es lo que cuenta Natalia al otro lado del teléfono mientras viaja en una furgoneta con su pareja, Santi. Acaban de rescatar 6 caballos y se encuentran por la carretera de Zarzalejo hacia Valdemorillo. Les han avisado de que hay un nuevo foco de llamas y tratan de abandonar el lugar antes de quedar atrapados. «¡Nos está comiendo el fuego! ¡No podemos seguir!», cuenta Natalia mientras rompe a llorar por la desesperación y el nerviosismo en su intento por sortear las llamas, concluyen las periodistas Rocío Ruiz y Susana Campo en un interesante reportaje.

 

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