
VICENTE ARAGUAS. (3 de agosto de 2026). Amanece en el Trópico. Apenas un día en Cuba, en la Cuba del momento especialisimo, y no puedo sino alabar el estoicismo de sus habitantes. De aquellos que voy encontrando. Zumbones, jaraneros, con una educación y un temple insólitos para los que venimos del ruido y los semblantes tantas veces hoscos. La Habana es, lo que llevo visto, tranquilidad al calor bochornoso de un día de fines de julio. Agudizada por la ausencia de tràfico rodado. Apenas vehículos de tracción eléctrica y unos artilugios tipo motocarros donde se acumulan los pasajeros; buses o guaguas no hay, o yo no los veo. Pero Cuba es linda, bien linda, y La Habana, como cantaba Carlos Cano, es Cádiz con más negritos. Y la bahía, vista al amanecer del trópico, desde el Hotel Habana Libre, un regalo divino. Voy a entrar ahora donde la Habana Vieja, yo, un poco menos, va a rejuvenecerme. Amo lo antiguo y espero, deseo, que Cuba se alce. Sin perder lo bueno que 1959 trajo, echando al saco de arpillera del tiempo ingrato cuanto impida ese cambio que los ojos dulces, la mirada, tal vez extenuada de los cubanos, parece estar pidiendo. Paz, piedad, perdón, como en aquel discurso maravilloso de Azaña, harán falta para curar las heridas del tiempo. Los cubanos, solo ellos, habrán de solventarse. Los de un lado y el otro. El sujeto del pelo naranja, el asedio medieval de Cuba, tan amada y amable, aquí no pintan nada. En eso parecen coincidir los cubanos que voy encontrando, «tú ya sabes, chico», dicen al son parsimonioso de las olas rozando el Malecón. Por donde paseaban mis paisanos gallegos sus saudades y morriñas de la aldea perdida.
Amanece en el trópico, como en Cabrera Infante, y quedan los restos de humedad de aquella canción de Pablo Milanés, que vino a morir a Majadahonda. Y yo con él me alzó, asomado al balcón del Hotel Habana Libre. El mar de Cuba ante mí vista. Alguien me reclama, es temprano todavía, y yo -¡ay, aquella canción de Silvio!- porque me llama, voy. La Habana, a pesar de todo, la vida. La vida futura, esa que desde un presente cargado de buenas intenciones pero que, claramente, necesitan renovación. Y yo, desde Majadahonda a Barajas y, luego, después, al José Martí, de La Habana, donde pacientes y educadas cubanas tras pupitres años sesenta procuran que no se cuelen indeseables, a poner el dedo más todavía en la llaga. Que Cuba necesita el mismo buen rollo que está prodigando. Sí.


Pero que ha ido, a nado
No, por Dios. Soy nadador, ma non troppo. En avión.
A ver si como gallego que eres, intercedes ante los Castro y les dices que se larguen de la Isla de una vez con su comunismo de décadas de miseria…
Un saludo.
Más quisiera que ayudar a resolver semejante embrollo. Los del Norte, por un lado, la ineficacia del sistema, por el otro. Los cubanos de a pie, sufriendo lo inenarrable….
!!!!Que grande eres!!!!
Tan solo un viajero afortunado, por decirlo con Derek Walcott. Gracias, Fran.
Que preciosidad de comentario
Tus textos tienen música
Gracias Vicente !!! Eres genial !!!
Muy obligado, Miguel, muy obligado. AMO la música. ¡Ojalá!
La paz, la piedad y el perdón solo ellos, capaces para aliviar nuestro dolor presente y avivar nuestras esperanzas de un futuro mejor en La Habana y en toda la isla!!!! Orgullo para mí haber compartido con usted y de ser parte de su tránsito por mi Habana bella.
Gracias, Katia. Gente como tú y tú familia me hacen pensar en un futuro hermoso para Cuba. Tan bello como el encuentro que tuvimos ayer, al borde ya casi de mi marcha. Seguiremos. Y tú Habana, belleza, sí.
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En serio? Se lo van a comer los mosquitos vivo, pasará hambre, calor, oscuridad, penumbra etc etc etc
Los mosquitos no pueden con los moscones, a veces impertinentes, como yo. Calor, mucho. Hambre, ninguna, sino de justicia para aquellos nativos que sí lo pasan. En penumbra llevo toda la vida, un poco más de ella, no importa. Sí me duelen los cortes de electricidad por la falta de energía, y no por culpa de Cuba. Saludos afectuosos.
En serio todavía hay gente que desde la comodidad de una población privilegiada en España defiende lonque denomina lo bueno que 1959 trajo… Una revolución que ha sumido a un país en un fracaso social y económico, que anula la iniciativa privada y sume a la sociedad cubana un una extrema pobreza… pero tu desde un hotel con aire acondicionado ves la realidad muy distinta a los que viven los pocos cubanos que no han podido huir…..
Claro que soy, somos, privilegiados, viviendo en países confortables, tampoco tanto, por cierto, según quién. Pero la Historia no se hace con casualidades sino.com causas. El 59 no cayó del cielo. Lo de ahora, errores del sistema aparte, tiene mucho que ver con un asedio atroz. Rompiéndolo pudiera estar apoyando a este pueblo que no se merece lo que ocurre. Cómo decimos en Galicia: nin de Xan nin de Perillán. Saludos.