
Vicente Araguas: «intenté exhibir una novela, entendiendo esta como un cajón de sastre o redoma fantástico, de aprendiz de brujo, eso sí. Quisiera haberlo conseguido; hablen los lectores ahora, cómplices esenciales para que un libro viva y reviva en cada lectura».
PENA RECIO. (Majadahonda, 28 de junio de 2026). «Araguas Rides Again». Ahora que el sol pega de lo lindo, con crueldad definitivamente fea, y que los pajaritos del cielo caen en el asfalto con voracidad de caída a plomo, Vicente Araguas vuelve a dispensarnos una nueva entrega de su pluma pródiga. Y regresa aún reciente ese libro de poemas “No se haga daño a los cucos” (Ed. Sial/ Pigmaliòn), salto en el vacío de un hombre que vuelve a Brigitte Bardot una y otra vez, con el mítico “cada vez que me enamoro creo que es para siempre.”. Y torna al redil editor, ahora con novela, “Quisiera echarte más de menos (pero no puedo)”. Un libro leído, devorado más bien, por mí, con cierto regocijo, superadas las reservas previas ante la llamada “autoficción”, a lo que Vicente Araguas replica: «No, no se confunda. La primera persona, bien que para el caso el protagonista de mi novela, Fando, Senior Fando, se dirija a la coprotagonista, Serena, tiene mucho de traicionera. No, como digo en el prólogo, ni el autor de “El Lazarillo” es un muchacho muerto de hambre y aprendiz de picardías ni el campesino extremeño de “La familia de Pascual Duarte”, a punto de ser agarrotado, tiene que ver con Camilo José Cela, No, no confundamos términos».

“Quisiera echarte más de menos (pero no puedo)”, nuevo libro de Vicente Araguas, que posa debajo del despacho de la alcaldesa en el Ayuntamiento de Majadahonda
Solo para situar de algún modo una novela en la que hay sexo, alcohol, asfalto y algo de rock and roll, casi una novela negra si no fuera por lo que tiene de historia contemporánea. El nuevo libro, que se titula “Me gustaría echarte más de menos…” transcurre entre mayo de 1972 y el 20 de diciembre del 73, cuando la ETA mata al Almirante Carrero en la Calle Claudio Coello, voladura que coincide con el desastre sentimental de Fando en manos de Serena. –Así es. Pero no se olvide de mencionar el incendio del Glen Cinema en Paisley (1929), el desastre de Ibrox Park (1971) y el accidente de Aviaco en Coruña (1973). Todo muy a tono con la redada cordial que mi libro propone. ¿Novela? ¿Docudrama? ¿Manual histórico o historicista? –Todo ello y más. Verá: intenté exhibir una novela, entendiendo esta como un cajón de sastre o redoma fantástico, de aprendiz de brujo, eso sí. Quisiera haberlo conseguido; hablen los lectores ahora. Cómplices esenciales para que un libro viva y reviva en cada lectura. ¿Presentaciones? –En lugares variados naturalmente. En Galicia, enseguida. Al otro lado del charco, también. En setiembre, en Madrid.

«Un libro leído, devorado más bien, por mí, con cierto regocijo, superadas las reservas previas ante la llamada “autoficción” (Pena Recio)

«A no tardar publicaré un libro de relatos. “Majariegos” se titulará, de nuevo en la onda de esta novela que ofrezco ahora al común del sentir lector. Libros no fáciles precisamente porque exploran interioridades»
¿Y en Majadahonda, donde usted tan bien se mueve, tanto individualmente como a bordo de Majadahonda Magazin? –A la vuelta del verano, aquí, en nuestro pueblo. En efecto, MM es uno de los múltiples medios en los que colaboro. Y, por cierto, en pocos me he sentido tan a gusto. Porque, lo digo una vez más, la prensa del futuro será local o no será. Y es en medios como este donde es posible ver las costuras de las municipalidades. Caso ejemplar el de Majadahonda Magazin, que me ha dado a conocer entre mis paisanos majariegos. A no tardar publicaré un libro de relatos. “Majariegos” se titulará, de nuevo en la onda de esta novela que ofrezco ahora al común del sentir lector. Libros no fáciles precisamente porque exploran interioridades. Escritos en lenguaje riguroso. Nada de alabar ni adular al lector sino tratarlo como un ser responsable que sabe lo que tiene entre manos y que, a la hora de comer, pide un solomillo o un lenguado a la plancha y no potitos Bledine. Lo que tomaban los bebés en el tiempo que se alzaban los palos del sombrajo que se cuenta en “Quisiera echarte más de menos (pero no puedo). Y yo ya solo puedo coronar las respuestas de Araguas con un tajante pero melodioso “Ita sit.” Es decir: “Así sea.” Sí.






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