
CRESCENCIO BUSTILLO. De todas las aficiones de Majadahonda, la más importante era la taurina y parece ser que no se ha perdido del todo en los tiempos actuales. Como pasaba la cañada por el pueblo, teniendo la Laguna para abrevadero del ganado al paso del mismo, por aquellos tiempos pasaban miles y miles de cabezas de ganado vacuno procedentes de toda la sierra del Guadarrama y de la parte de Salamanca. La mayor parte destinadas al matadero de Madrid, que estaba situado hacia Carabanchel. Otras veces eran corridas de toros completas para lidiarlas en la Plaza del mismo, pero todas tenían un denominador común: eran reses bravas. A estos conjuntos de reses los llamábamos “vacadas”, vulgarmente “novilladas”, que había días que se pasaban en diferentes horas hasta diez puntas de estas vacadas, que como promedio llevaban cada una 500 reses o más.









