
MIGUEL SANCHIZ. (Majadahonda, 15 de mayo de 2026). Semana del Mayor en Majadahonda. La soledad de los mayores no suele aparecer en los titulares, pero está ahí, silenciosa, creciendo como una sombra que avanza despacio. No es una soledad dramática, ni siempre triste. Es una soledad que se instala en la vida cotidiana, en los huecos que dejan los proyectos ajenos, en las conversaciones que ya no llegan, en los planes que nunca incluyen a quienes han vivido más que nadie. Es una soledad que no duele de golpe, sino que se va acumulando, como el polvo en los muebles que ya no se usan. Los mayores, incluso aquellos que están rodeados de cariño, respeto y buena voluntad, quedan muchas veces fuera de los proyectos reales de la familia. Se les invita a las celebraciones, a las fiestas señaladas, a los cumpleaños y a las Navidades. Se les sienta en la mesa principal, se les abraza, se les fotografía. Pero cuando llega el día a día, cuando la vida se organiza en torno a metas, trabajos, viajes, estudios o ilusiones nuevas, los mayores quedan en un segundo plano. No por falta de amor, sino por falta de costumbre. La sociedad entera ha aprendido a mirar hacia adelante, pero no siempre a mirar alrededor.









