
MIGUEL SANCHIZ. (Majadahonda, 8 de agosto de 2026). Cuentos Reales de Verano: La Piscina de la Comunidad. Todo empezó con una reunión de la comunidad de vecinos de Majadahonda en pleno verano, mes de agosto, convocada por el presidente, don Evaristo, un hombre que hablaba como si cada frase fuera un decreto ley. —Punto único del día: la piscina pierde agua. La frase provocó un murmullo inmediato. La piscina era el orgullo del edificio: rectangular, azul, con dos escaleras y un socorrista que nunca se metía en el agua porque “no era necesario”. —¿Cuánta agua pierde? —preguntó una señora con pamela, como si estuviera en Marbella. —Toda —respondió el presidente. El silencio fue tan grande que se oyó cómo un vecino abría una bolsa de pipas. La comunidad decidió actuar con rapidez. Se formó una comisión de emergencia compuesta por: El presidente, que no sabía nadar. El vicepresidente, que tampoco. El vocal de deportes, que llevaba 20 años sin hacer deporte. Y un vecino recién llegado, que se ofreció voluntario porque “en su pueblo había una acequia”. A las 9 de la mañana del día siguiente, todos estaban alrededor de la piscina, mirando el agua desaparecer como si fuera un truco de magia. —Esto es una fuga —dijo el vocal de deportes, con tono de experto. —O un robo —añadió la señora de la pamela. —¿Quién va a robar agua? —preguntó el presidente. —Pues mire, hay gente para todo —respondió ella.

EL SOCORRISTA, QUE HASTA ENTONCES HABÍA PERMANECIDO EN SILENCIO, intervino: —Yo creo que es el desagüe. La comunidad lo miró como si hubiera revelado un secreto de Estado. —¿Y por qué no lo dijo antes? —preguntó el presidente. —Porque nadie me lo preguntó —contestó el socorrista, con la tranquilidad de un monje tibetano. Se decidió vaciar la piscina para inspeccionar el fondo. El problema era que la piscina ya estaba vacía. —Pues ya está hecho —dijo el vicepresidente, satisfecho. La comisión bajó al vaso de la piscina. Allí dentro, el eco hacía que cada frase sonara como un discurso en el Senado. —Aquí hay una grieta —anunció el vecino de la acequia. —Eso no es una grieta, es una sombra —corrigió el vocal de deportes. —Pues la sombra tiene forma de grieta —insistió el de la acequia. —Las sombras no tienen forma, hombre —replicó el presidente. —¿Y entonces cómo sabe usted que es una sombra? —remató el de la acequia.

LA DISCUSIÓN FUE INTERRUMPIDA POR UN GRITO DESDE ARRIBA: —¡Se está llenando sola! Todos miraron hacia arriba. Era cierto: el agua empezaba a entrar por una tubería lateral. —¿Quién ha abierto la llave? —preguntó el presidente. —Yo —respondió la señora de la pamela—. Para ir adelantando. El agua subía. La comisión seguía dentro. El socorrista, desde el borde, gritó: —¡Salgan de ahí, que esto llena rápido! Pero la escalera estaba demasiado lejos y nadie quería mojarse los zapatos. —¡Que alguien traiga una tabla! —ordenó el presidente. —¿De surf? —preguntó el vocal de deportes. —De lo que sea, pero que flote.

EL SOCORRISTA, RESIGNADO, SE QUITÓ LAS CHANCLAS Y BAJÓ A AYUDARLOS. Organizó una evacuación digna de un documental: primero la señora de la pamela, luego el vocal, luego el presidente, y por último el de la acequia, que insistía en que él sabía nadar “aunque no lo pareciera”. Cuando todos estuvieron fuera, la piscina ya tenía medio metro de agua. El presidente, empapado, declaró: —Queda resuelto el problema. La piscina funciona. La comunidad aplaudió. El socorrista se puso las chanclas. La señora de la pamela dijo que aquello había sido “una experiencia espiritual”. Y el vecino de la acequia, mirando el agua, murmuró: —Si quieren, mañana reviso la acequia. Desde ese día, cada vez que la piscina pierde agua, nadie se preocupa. La comunidad sabe que, tarde o temprano, alguien abrirá una llave.


Una más de Miguel, genial para visualizar lo cotidiano con toque de buen humor 👏👏👏
No se si reír o llorar. Gracias Miguel