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Desde Majadahonda (9 de agosto): si Ulises tiene su película «Odisea», a Julio César le falta la suya con «Farsalia»

Ahora que Homero está de actualidad gracias a la épica película sobre «La Odisea» griega de Christopher Nolan, hablemos también de Roma: la batalla de Farsalia, en el año 48 antes de Cristo, decidió su futuro, aunque aún le falta su película contemporáneanea que describa su guión. Julio César y Pompeyo representaban dos formas distintas de entender el poder

MIGUEL SANCHIZ. (Majadahonda, 9 de agosto de 2026). Las decisiones que cambian el rumbo de la historia. Hay días en los que la historia parece acelerarse. Jornadas en las que una decisión política, una acción militar o una elección colectiva alteran el destino de millones de personas. El 9 de agosto es una de esas fechas que nos invitan a reflexionar sobre el peso de las decisiones humanas y sobre las consecuencias, a menudo imprevisibles, que pueden derivarse de ellas. Las efemérides de este 9 de agosto muestran que la historia no avanza por casualidad. Detrás de cada gran transformación hay personas que toman decisiones, gobiernos que eligen un camino y sociedades que definen sus prioridades. Algunas de esas decisiones generan progreso y bienestar; otras provocan conflictos y sufrimiento. La diferencia suele residir en la capacidad de pensar no solo en el presente, sino también en las consecuencias futuras de nuestros actos. Y ahora que Homero está de actualidad gracias a la épica película sobre «La Odisea» griega de Christopher Nolan, hablemos también de Roma: la batalla de Farsalia, en el año 48 antes de Cristo, decidió su futuro, aunque aún le falta su película contemporáneanea que describa su guión. Julio César y Pompeyo representaban dos formas distintas de entender el poder dentro de la República. La victoria de César sobre su yerno (casado con su hija) no solo le permitió imponerse a su rival y al Senado que lo apoyaba, también abrió el camino a una guerra civil primero y hacia la transformación de Roma en un imperio. Aquella jornada demuestra cómo una sola batalla puede modificar el rumbo de una civilización entera aunque el final fue trágico para ambos generales: ambos murieron asesinados por sus propios aliados. ¿Da para otra película?

LA SEGUNDA EFEMÉRIDE NOS SITÚA EN UNO DE LOS EPISODIOS MÁS DRAMÁTICOS DEL SIGLO XX. El 9 de agosto de 1945 una bomba atómica cayó sobre Nagasaki. Tres días antes había ocurrido lo mismo en Hiroshima. Más allá del debate histórico sobre la necesidad militar de aquellos ataques, existe un consenso sobre su impacto: marcaron el comienzo de la era nuclear y obligaron a la humanidad a enfrentarse a una capacidad destructiva nunca antes conocida. Desde entonces, la posibilidad de una guerra atómica ha condicionado buena parte de la política internacional.

AFORTUNADAMENTE, NO TODAS LAS DECISIONES HISTÓRICAS ESTÁN ASOCIADAS A LA VIOLENCIA. El nacimiento de Singapur como Estado independiente en 1965 constituye un ejemplo muy diferente. Expulsada de la Federación de Malasia y sin apenas recursos naturales, la nueva nación parecía destinada a tener dificultades para sobrevivir. Sin embargo, gracias a una combinación de planificación, educación y apertura económica, se convirtió en una de las sociedades más prósperas y eficientes del mundo. Su trayectoria demuestra que el futuro no siempre está determinado por las circunstancias iniciales. La cuarta efeméride, el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, añade una dimensión humana y cultural a la reflexión. Durante siglos, muchas comunidades originarias fueron ignoradas o marginadas. Reconocer hoy su patrimonio cultural y sus conocimientos tradicionales supone una decisión colectiva orientada a construir sociedades más inclusivas y respetuosas con la diversidad.

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2 comentarios

  1. Nagasaki, la ciudad católica de Japón. Con Hirosima bastaba para la rendición de Japón. Pero Truman, baptista, odiaba al Papa y a los católicos.

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  2. Cierto amigo Joaquín. Y además, los supervivientes de ambas ciudades fueron considerados a partir de ese maldito día, como auténticos apestados. No se les permitió el roce ni la convivencia con el resto del pueblo japonés. No sé podían casar ni tener relaciones de ningún tipo nada más que con otros afectados por la radiación. La gente tenía miedo de ellos, sobre todo por la posibilidad real de que sus descendientes nacieran con problemas graves que pudieran afectar su supervivencia; cosa que realmente pasó y me parece que todavía sigue pasando.
    Sí Miguel, estaría muy bien una película sobre Julio César y Pompeyo. Todavía no he visto Odisea. Creo que iré a verla esta tarde. Y también me he comprado el libro para leerlo. Un abrazo amigos

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