AGENCIA EFE. El patinador majariego Javier Fernández, que forjó su carrera en el club Igloo de Majadahonda, revalidó su título mundial de patinaje artístico en Bostón con un oro estratosférico, obra de un extraterrestre que eclipsó al favorito en todas las apuestas, el japonés Yuzuru Hanyu, que no pudo con el patinador español, en una nube merecida tras una actuación perfecta en el programa libre con el que consiguió el título. Fernández no deja de sorprender. Sin duda está a la altura de un Rafael Nadal o de un Pau Gasol; es uno de los mejores deportistas españoles que ha habido nunca. No hay duda. Y menos, cuando todos sus éxitos vienen desde un deporte con poca cabida en España. Boston acogió el duelo de dos patinadores excelsos, casi de otro planeta, sin apenas más rivales que ellos mismos y con el reto de lograr un título que casi de antemano tenía escrito el nombre de Hanyu. La caída de Javier Fernández en el programa corto mientras ejecutaba su segundo cuádruple dejó medio título en manos del patinador japonés. Un fallo se iba a pagar muy caro y el español lo tuvo tal vez demasiado pronto. El oro, antes del programa libre, era casi intocable. Javier Fernández sólo podía hacer un programa perfecto y esperar los fallos de su gran rival, que, pese a una reciente lesión, demostró estar en un estado de forma excepcional, rozando la perfección con una puntuación estelar en su primera actuación: 110,56, cerca de su mejor marca personal en un corto, 110,95.
Con la premisa de no errar y añadiendo dificultad a su ejercicio con un triple axel extra aparte de sus tres cuádruples, Javier Fernández saltó a la pista en la 22º, por detrás de Hanyu, que ya había completado su ejercicio. Y, sorprendentemente, no fue perfecto: falló. Hanyu aparentó cansancio. No tuvo el día, erró en una recepción en un primer cuádruple salto, después remontó con un triple axel y un triple toe perfectos. Pero después volvió a hacer una mala recepción en un triple axel. Pese a que no fue estratosférico como en el Grand Prix de Barcelona, en el que consiguió la mejor marca mundial jamás vista (330,43 puntos), alcanzó los 295,17. El colchón que logró en su estreno sirvió al patinador japonés para mantener intactas sus esperanzas. Pese a sus errores, el oro, estaba muy difícil para Javier, que tenía que acometer un programa más que perfecto. Y lo hizo. Voló sobre la pista. Flotó sobre el hielo.



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