
MIGUEL SANCHIZ. (Majadahonda, 13 de septiembre de 2026). Desde Majadahonda: el precio de una entrada. Escribo desde Majadahonda, un municipio con un elevado nivel de vida. Pero basta mirar despacio para descubrir otra realidad: mayores que cuentan cada euro, jóvenes que no pueden independizarse, trabajadores cuyo sueldo se evapora entre el alquiler y los recibos, y hogares que llegan al día 25 con la cuenta vacía. La prosperidad no es uniforme. Por eso me ha impresionado conocer el precio de algunas entradas para el Gran Premio de Fórmula 1 de Madrid que concluye este domingo 13 de septiembre. No hablo de una localidad corriente, sino de esas zonas llamadas «Club«, concebidas para disfrutar durante 3 días de la carrera con asiento privilegiado y restauración. Algunas cuestan más de 3.000 euros y la más exclusiva se acerca a los 6.000. Sé cuál es la respuesta: nadie está obligado a comprarlas. La Fórmula 1 es un espectáculo privado y costoso, quien tiene dinero puede gastarlo como quiera. No pretendo decidir en qué deben emplear los demás sus recursos ni condenar a quien paga por una afición. Tampoco ignoro que estos acontecimientos atraen turismo, crean empleo y dejan importantes ingresos en Madrid. Aun aceptando todo eso, hay una comparación que me produce horror. Una entrada de 3 días puede equivaler al salario de 2 meses de un trabajador no cualificado. 2 meses levantándose temprano, viajando en transporte público, limpiando, cuidando a un anciano, cargando mercancías o sirviendo mesas, 2 meses de esfuerzo a cambio de lo que otra persona entrega por pasar un fin de semana en un Club de Fórmula 1.









