
MIGUEL SANCHIZ. (Majadahonda, 26 de junio de 2026). Terremoto en Venezuela: 20 minutos que partieron la noche. (Sismo del jueves 25 de junio de 2026). El pleno del Ayuntamiento de Majadahonda tuvo un recuerdo este jueves para las víctimas del terremoto de Venezuela cuando el concejal de Seguridad, Ignacio Silván (PP), quiso «mandar nuestros pensamientos al pueblo de Venezuela y en especial a todos los venezolanos majariegos, que es una comunidad muy numerosa» porque ha podido verse afectados a causa de la situación de sus familias y amigos residentes en el país hispanoamericano. Y es que hay noches que se quiebran como un cristal. No avisan, no negocian, no esperan a que uno termine la frase o apague la luz. Simplemente irrumpen. Así fue en Venezuela, cuando en la madrugada del jueves 26 de junio de 2026 un doble terremoto —7,2 y 7,5— sacudió el país con una violencia que no se recordaba desde hace más de un siglo. Pero lo que cuentan los sismógrafos no alcanza para explicar lo que vivieron millones de personas: veinte minutos de temblores encadenados, un rosario interminable de réplicas que convirtió la noche en un territorio sin tiempo. Caracas, siempre tan vertical, tan orgullosa de sus torres y su ritmo, amaneció herida. Edificios con las entrañas al aire, fachadas abiertas como libros rotos, calles cubiertas de polvo y de un silencio extraño, ese que solo aparece después del pánico. En zonas como San Bernardino, Altamira o Los Palos Grandes, los vecinos salieron corriendo escaleras abajo, algunos descalzos, otros abrazando lo primero que encontraron: un niño, un perro, una foto. Nadie pensaba en otra cosa que no fuera llegar a la calle y mirar al cielo, como si allí estuviera la explicación.









