Mis primeros años en Majadahonda

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Captura de pantalla 2015-01-13 a las 18.12.51SANTIAGO ROMERO RUIZ.  Con 55.000 seguidores en Twitter, el twitero y bloguero español Santiago Romero Ruiz se estrena como columista de MJD con este artículo de su nuevo blog “Reflexiones desde la Atlántida”. “Trabajo con el material con el que se fabrican los sueños”, dice Santiago, que es infografista en Noticias Cuatro, Informativos Telecinco y Las Mañanas de Cuatro, pero comenzó en CNN+:

“Llegué a Majadahonda con cuatro años en 1987 y desde entonces he crecido aquí. Mucho ha cambiado el pueblo al que llegué con apenas 30.000 habitantes y actualmente supera las 70.000 personas. Mis padres compraron una casa cerca de la actual estación de tren de cercanías (en esa época sólo había un apeadero en El Plantío) a las afueras de un pueblo al que solo estábamos conectados por una carretera solitaria, bordeada por solares vacíos sobre los que posteriormente se construyeron los actuales edificios. Era una de las primeras urbanizaciones dispersas que han ido conformando el trazado urbano alrededor de un antiguo núcleo de casas bajas. Se encuentra en el término municipal con Las Rozas y El Plantío, por lo que es la eterna olvidada en los planes urbanísticos. Las urbanizaciones se hicieron cada vez más cerradas y aislaron cada vez más a sus habitantes. Comenzaron a construir urbanizaciones de lujo con muros perimetrales, cámaras de seguridad y vigilancia 24 horas. Familias enteras viviendo en burbujas alejadas de la realidad con una falsa sensación de protección. Esto atrajo a una población con alto poder adquisitivo y por lo general muy afín a la conservadora ideología del equipo de gobierno.

Santiago Romero Ruiz
Santiago Romero Ruiz

Muchas de estas viviendas se construyeron en el Monte del Pilar, perteneciente a la poderosa familia Oriol, vinculada con los Legionarios de Cristo y con importantes tentáculos en el poder desde la época franquista. Un oscuro acuerdo entre los Oriol y el Ayuntamiento de Majadahonda propició la construcción de estas viviendas de lujo en pleno monte bajo, sin un adecuado estudio del terreno, abarrotado de arroyos estacionales y que posteriormente se han manifestado con hundimiento de carreteras y grietas en los edificios. Todo se llevó adelante a pesar de la importante oposición y movilización social. Este tipo de urbanismo donde priman la construcción de viviendas sobre los equipamientos públicos fue configurando lo que actualmente se conoce como “ciudad dormitorio” o una ciudad sin alma. La peatonalización de la Gran Vía supuso una larga decadencia del centro urbano y el declive del pequeño comercio, acelerado por el inicio de los primeros centros comerciales, cada vez más alejados del núcleo urbano y que obligan a usar el coche para realizar todo tipo de gestiones. La gente entró en una monótona dinámica de casa-coche-trabajo-centro comercial que nos alejó del contacto con nuestro entorno más cercano. Esto fomentó el desarrollo de familias conservadoras de tipo nuclear, encapsuladas, despreocupadas por la política y la actualidad. La mayoría de la gente de mi generación ha tenido que salir del pueblo por el alto coste de la vivienda (Uno de los más altos de toda España), el paro y por las irregularidades en la adjudicación de viviendas de protección pública. Con el estallido de la trama Gürtel en Majadahonda nos dimos cuenta de toda la corrupción que campaba a sus anchas en el Ayuntamiento y que actualmente sigue al frente del Gobierno.

En materia de educación se han favorecido las opciones privadas y concertadas frente a las públicas por motivos políticos como reconoce el actual alcalde. Yo mismo solicité plaza en un instituto de Majadahonda acabé en uno de Collado Villalba (a más de 30km) por falta de plazas. Hace años era normal ver autobuses escolares o grupos de niños y niñas que iban andando al colegio (Incluso con la ayuda del cuerpo de Protección Civil), pero la tendencia actual es que acudan en vehículos particulares con sus padres, lo que colapsa aún más las horas punta. El transporte público del municipio siempre ha tenido graves deficiencias que han hecho que mucha gente deje usarlos. Nos encontramos en la zona B2 del sistema de transportes radial de la Comunidad de Madrid que condiciona en gran parte las comunicaciones. La estación de cercanías está muy alejada del núcleo urbano y la periodicidad hace que los usuarios tengan que esperar mucho (Ni siquiera paran los CIVIS). El Metro es la eterna promesa electoral que jamás se realiza y que mantiene mucho voto cautivo. La mayoría de autobuses parten de y hacia Moncloa, con escasas opciones para moverse entre los pueblos más próximos. Tarifas abusivas, información de horarios y rutas muy poco accesibles, no hay puntos de recarga del abono transporte (solo en los estancos).

Otro de los problemas de Majadahonda es la escasa oferta de ocio, limitada la mayoría de las veces al que ofrecen los centros comerciales con cines, restaurantes y compras. Tenemos una Casa de la Cultura que se ha quedado muy pequeña y con un escaso repertorio de exposiciones y actuaciones. Esto obliga a tener que buscar alternativas culturales fuera del municipio. Durante mi adolescencia pude experimentar la eclosión de multitud de grupos musicales como Dover, Nothink, Censurados, Hirurko, Crave… La mayoría pertenecientes a la Asociación Independiente de Músicos de Majadahonda que impulsó la escena musical y cultural del municipio. Tras varios desencuentros con el Ayuntamiento y falta total de apoyo, se acabó disolviendo, poniendo punto y final a uno de los pocos incentivos para el ocio juvenil.

La oferta laboral en Majadahonda está concentrada en el sector servicios y suelen ser contratos de ínfima calidad, por lo que el personal cualificado tiene que buscar trabajo fuera del municipio. No cuenta con un polígono empresarial adecuando como los que tienen los municipios más próximos y que fomentan la creación de empleo especializado. Se sigue con la tendencia de construir centros comerciales repletos de franquicias. Las políticas privatizadoras del Ayuntamiento han externalizado la gestión de numerosos servicios públicos en detrimento de la calidad de los mismos y de los puestos de trabajo.

Fuente:

Reflexiones desde la Atlántida

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