Bruquetas y el outing gay (II): “Luis Antonio de Villena dijo que esta era una bella obra ligera”

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Luis Antonio de Villena presentó el libro en la FNAC de Madrid

FERNANDO BRUQUETAS. A petición de Manuel González, decidimos entrar en la taberna del Príncipe, que era el lugar predilecto para los encuentros con Juan Fernando el político. Aquí nos cambiamos al vino tinto y la sempiterna cocacola. Desde allí nos movimos a otro garito fino detrás del Teatro Español, donde podíamos tapear a gusto y mantuvimos una conversación distendida que acabó con la noche y el cierre de las puertas. El tiempo pasó volando y sorprendidos por los trabajadores de la limpieza pública retornamos a casa. Yo estaba de invitado en casa de Federico, por el trayecto en su coche le rogué que me contara el motivo de su interés por el mundo homosexual en aquel momento. Ni que decir tiene que Utrera –que yo sepa– jamás ha tenido veleidades de ese tipo, hasta que me conoció a mí.

Manolo González (Mestisay) se mostró partidario del outing

La pregunta nada inocente que había hecho Federico Utrera en aquella mesa de cuatro dispares canarios, dos naturales y otros dos adoptivos u adoptados, según creo recordar, pretendía implicarnos a todos, para que diéramos nuestra opinión sobre el outing, palabra que ahora confieso, era la primera vez que oía. Se trata de salir o sacar a los gays ocultos del armario, nos dijo Federico. No fue fácil guardar mi opinión para el final, estando Juan Fernando presente. Ahí fue cuando soltó aquello, para decir que no había necesidad ninguna, porque los gays tenían todos los derechos ganados y que, de hecho, disfrutaban de más posibilidades laborales y de promoción que el resto de los mortales. El ejemplo personal de sus intentos de publicar un artículo, que siempre solían pisarle los gays, le demostraba que tenía razón. Manuel González se mostró partidario de la denuncia a los que lo merecían, si hacían daño a los homosexuales como colectivo. Después, Federico me preguntó directamente a mí. Creo que, bueno, hay matices, le dije, como en todo, y me parece que habría que estudiar cada caso, porque, por sistema, no me gustaba eso del empujón indiscriminado.

El escritor Federico Utrera editó el libro del Outing

¿Y ese interés a qué viene? Le pregunté a Utrera ya de camino a casa, y él me respondió algo, que, por mucho que intento, no lo consigo recordar, porque creo que antes de que terminara de darme una explicación le hice otra pregunta. Y tú, como editor, ¿cuándo me vas a pedir que escriba un libro? A lo que me respondió que cuál era mi intención, presentándome un dilema: ¿Tú qué quieres, ganar dinero o prestigio literario? Parece que estaba en disposición de ofrecerme las dos cosas, así que le respondí que lo prioritario era el dinero. Entonces, casi de inmediato, me encargó redactar un libro sobre el Outing. La verdad es que yo esperaba que me confiase algún trabajo relacionado con mi tesis doctoral o con los estudios de historia que comenzaba a realizar en la Universidad de Las Palmas; pero no, sobre el Outing. ¿Qué necesidad? Me dije… Pero tampoco iba a desaprovechar la oportunidad que me brindaba un amigo que emprendía el camino de la empresa editorial. Él acababa de terminar su libro “Memorias de Colombine. La primera periodista (1998) que leí gozoso, pensando que el autor había sido capaz de entrar de lleno en el alma de Colombine. Me pareció genial.

A partir de aquel momento mi concentración fue para el libro del Outing, sin olvidar la tesis doctoral, que ya estaba en fase de ultimar la compilación documental y comenzaba la redacción. No obstante, los primeros días continuaba sin apreciar la relevancia que podía tener el Outing, porque temía que se me obligase a «sacar del armario» a gente, así como así. Todavía no había captado la intención de Federico Utrera al querer editar esta obra y que fuera yo el autor principal de la misma. Digo esto porque a lo largo del proceso de redacción Utrera fue introduciendo notas, que se convirtieron en texto, sobre muchos personajes y aspectos colaterales de la salida del armario. Él le dio el sentido, y el espíritu que subyace bajo los renglones torcidos que escribí con más temor que timidez. De ahí que el resultado final fuera “una bella obra ligera“, como la describió Luis Antonio de Villena el día de la presentación en Fnac de Madrid.

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