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Ditar de Luna

MIGUEL SANCHIZ. Ditar de Luna nació en Madrid en 1974. El primer premio literario oficial lo ganó a los 17 años en el certamen «Cobi Leyendo» organizado por el Ministerio de Cultura. Se hizo ingeniera de telecomunicaciones, estudió un postgrado de dirección en la EOI y un máster doble de escritura creativa y guion audiovisual. Tras recibir varios premios por sus relatos, publicó su primera novela, «La Maldición de los Luján», que fue finalista en el II Premio Titania de 2016. En 2020 inicia la aventura de la autopublicación con «La Profecía de la Rosa de Venus». Ditar de Luna viene de Boadilla y se ha especializado en novelas en las que el romance y el misterio juegan un papel protagonista. Y eso mismo le hace acreedora de este honorífico título que le selecciona para formar parte de este selecto grupo de «Gente Maja que se Moja«, la sección de este periódico que asoma los fines de semana a los lectores en forma de entrevista.


Miguel Sanchiz y su sección de entrevistas

Una «teleco», escritora de novelas. ¿Cómo y por qué? -Porque con el tiempo comprendí que no eran incompatibles. Años antes de estudiar la carrera, ya tenía claro que quería ser ingeniera. No fue fácil, lo reconozco, pero lo conseguí. He disfrutado mucho con mi profesión. Me ha permitido estar al día de los avances tecnológicos de mi generación y conocer a gente extraordinaria. Sin embargo, echaba de menos desarrollar otra parte de mí, la que ama el mundo de la literatura, de la historia, del arte… Hace unos años sentí la necesidad de volver a escribir. Con 17 años había ganado un concurso del Ministerio de Cultura con un cuento de ciencia-ficción, pero desde entonces no había escrito nada y me faltaban conocimientos. Por eso decidí formarme, fui a cursos y me leí todos los libros que encontré sobre el tema. Para algunas cosas soy muy cuadriculada. Así surgieron los primeros relatos y el hecho de volver a ganar algunos concursos me animó a continuar. Luego me atreví con mi primera novela, “La Maldición de los Luján”, y tuve la suerte de quedar finalista en el premio del sello romántico de Ediciones Urano. La novela no solo se publicó en España, también llegó a países como México, Argentina o Colombia. Lo viví como un sueño. Fue entonces cuando decidí que, por mucho que me costase sacar el tiempo, no podía renunciar a esa parte de mí. No soy una escritora muy productiva, pero me conformo con que mis historias vean la luz y hagan pasar un buen rato a los lectores.

Último libro de Ditar de Luna

Háblame de tus dos novelas: “La Maldición de los Luján” y “La Profecía de la Rosa de Venus”. -Por el título de la primera, hubo quien pensó que se trataba de una novela de fantasía algo oscura, pero ese no era mi objetivo. Yo quería mostrar qué pasa cuando una protagonista de mente racional, que ha dedicado su vida a la ciencia, tiene que enfrentarse con una maldición de pueblo de esas que no sabes si son reales o solo fruto de la imaginación de la gente. Es una novela romántica, pero con fuertes dosis de misterio que se desarrolla en escenarios tan espectaculares como Atenas, Estambul o Granada. Disfruté mucho con la documentación de las localizaciones, todas reales, viajé con los personajes sin moverme de casa. En cambio, “La Profecía de la Rosa de Venus” se desarrolla en un único lugar, el municipio en el que vivo y del que estoy enamorada. La protagonista es una chica que intenta ocultar a todo el mundo sus dotes extrasensoriales. Sin embargo, eso le permite descubrir que su madre fue asesinada cuando ella era una niña y regresa a Boadilla del Monte para averiguar lo que de verdad sucedió. En el proceso, se reencontrará con un amor del pasado y con el secreto que esconden unas reliquias del siglo XVIII. Esta trama me ha permitido contar la historia de Boadilla y del gran patrimonio que posee a través de una novela de tipo «búsqueda del tesoro».

¿Cuál es la razón de firmar con pseudónimo? -Diferenciar mis dos mundos. Leticia es la ingeniera, Ditar la escritora. Las dos soy yo, pero cada una tiene su espacio. Además, Ditar de Luna no es un pseudónimo, es el nombre que crearon para mí mis amigas y por eso lo llevo con orgullo. Ditar surgió en el colegio hace muchísimos años. En aquella época ya imaginaba que, si un día escribía alguna novela, la firmaría con él. El apellido es más reciente. Me lo ofrecieron mis amigas de Córdoba para que la patrona de su pueblo me acompañase en este camino. A todas ellas les estaré siempre agradecida.

Ditar de Luna

¿Cómo se planifica una novela? -Esta respuesta no se puede generalizar. Cada autor tiene una técnica diferente. Los hay que simplemente se lanzan a la aventura (escritores de brújula), otros planifican hasta el mínimo detalle antes de escribir una coma para tener claro el camino a recorrer (escritores de mapa). Entre ambos extremos, multitud de posibilidades. En mi caso, me siento más identificada con este segundo grupo, pero la experiencia me ha demostrado que no lo soy al cien por cien. Planifico mucho las novelas, porque es la única forma de hacer que al final todas las piezas encajen en el puzzle. Una cosa es la historia que quiero contar y otra el camino que tendrá que recorrer el lector o la lectora para descubrirla.

Primer libro de Ditar de Luna

¿Donde está la clave? –La clave está en que cada capítulo tenga un principio y un final que atrape los suficiente para querer seguir con la lectura del siguiente. Mis tramas son complejas, pero el avance de la historia tiene que ser fluido. El suspense, la documentación, las emociones de los personajes, todo tiene que estar equilibrado. Por eso yo uso un método muy utilizado en las series de televisión, el mapa de tramas, pero lo he adaptado a mis propias necesidades. Al final, de un vistazo puedo ver por cada capítulo qué tema será el principal a desarrollar en él y qué personajes intervendrán. Esto me permite asegurarme de que ninguna trama queda rezagada en la historia y que no se queden cabos sueltos sin resolver. Además, si tengo que hacer cambios conforme avanzo en la escritura —como decía antes, a veces los personajes deciden jugármela y me llevan por un camino distinto al que yo pensaba—, me es fácil reconfigurar el resto sin temor a que no cuadre.

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