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Simeone en el Wanda durante la Copa contra el Rayo Majadahonda ©Juan Carlos Lucas

ENNIO SOTANAZ. Tengo la sensación de que Simeone ha decidido encarar el 2022 desde una perspectiva diferente a la que despidió el 2021 y el inicio de su equipo en la Copa del Rey parece darme la razón. Si en el partido contra el Rayo Vallecano ya vimos ciertos brotes verdes de por dónde parecen ir las tornas, lo de este Día de Reyes contra el Rayo Majadahonda podría corroborar esa tesis. Supongo que no fue nada personal, no tiene sentido que fuese así tratándose de un club amigo, pero los majariegos se toparon con la peor versión de Atlético de Madrid que se podían encontrar. La buena. La alineación titular del equipo era ya toda una declaración de intenciones. Jugadores titulares y Oblak de portero. En los últimos años la portería había estado ocupada por el cancerbero reserva. Era algo tradicional y aceptado que casi nadie discutía, pero la realidad es que las últimas desgracias de los colchoneros en la Copa del Rey habían estado asociadas con esa posición concreta. Si no exclusivamente, sí de forma muy evidente. Con todos los respectos por un Lecomte del que poco a nada puedo decir, personalmente agradecí ver a Oblak en la alineación. Y no por falta de confianza en un jugador que desconozco, sino por empatía con el mensaje implícito que llevaba esa decisión.

Lo que vino después creo que corrobora esa misma idea. El Atleti encaró el partido al máximo nivel. Con generosidad en las ayudas, con velocidad, con criterio, con una presión asfixiante, con personalidad, con derroche físico y con un nivel de intensidad impropio de los últimos tiempos. El arma fundamental de los equipos pequeños durante las primeras rondas de la Copa suele ser el de suplir la inferioridad técnica con ganas y empuje físico, pero ayer no fue posible. El Atleti no dio opción alguna. Tampoco creo que les ayudase mucho jugar en un estadio ajeno y repleto de aficionados rivales. El partido llegó al descanso con un inapelable 0-3 que podría haber sido incluso mayor. Cunha abrió el marcador recogiendo un rechace en posición de claro fuera de juego, pero Lodi primero y Luis Suárez después perforaron la portería para hacer que el error arbitral quedase en anécdota. Simeone presionaba desde la banda como si estuviesen jugando la semifinal de Champions. La cara de los jugadores rojiblancos era de máxima concentración. El Atleti volaba. Ganaba todos los rechaces, encerraba a su rival en cualquier esquina del campo y dominaba el balón como quería. Y sí, no podemos perder de vista el nivel real del equipo que tenía delante, pero eso quizá le da todavía más valor.

«La única nota negativa de la noche fue la lesión de Griezmann» dice el analista atlético ©Juan Carlos Lucas

En la segunda parte se bajó un poco el ritmo, que no la intensidad. De esa manera los rojiblancos siguieron dominando a placer y desarrollando por momentos un fútbol de esos que tanto gusta a los coleccionistas de nombres. La entrada de Correa, Griezmann y Joao (nada menos) pusieron más magia sobre el césped y asistimos a jugadas de verdadero nivel. El gol del francés tras una combinación impresionante con Correa o el que marcó el portugués mandando el balón a la escuadra después de una cabalgada por la izquierda son buena prueba de ello. La única nota negativa de la noche vino en forma de lesión muscular de Griezmann, que se resintió de una antigua molestia y que tuvo que dejar al equipo con diez. El 0-5, como resultado, no debe entenderse más allá de un mero trámite. Una obligación, si se quiere. Me parece mucho más interesante interpretar lo que ocurrió en el Metropolitano como una declaración de intenciones de lo que el Atleti pretende ser durante lo que resta de temporada. Si es así, intuyo que nos vamos a divertir. *Lea el artículo completo en la revista CTXT.

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