Fernando Arrabal: “Intentar matar a Franco con el hijo de Tristan Tzara fue un error de juventud”

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FERNANDO ARRABAL. Con ocasión de estas fechas, uno de los gratos deberes que afronto feliz es la entrevista: es una atención que no merezco ni remotamente del que me la hace. No me importa que se me hagan varias veces algunas preguntas. Aquí y allá, 17 veces se me ha pedido que responda a la desangelada (a mi modesta parecer) auto-entrevista de Truman Capote publicada en 1972. Lo cual siempre lo he hecho lo mejor posible. Tengo una grave limitación, no me gusta en absoluto este autor y aún menos su auto-entrevista. ¡Pobre de mí! Incapaz de comprender cómo un escritor (para mi humilde parecer) tan opaco y patoso ha llegado a escribir el irremplazable A sangre fría. Creo que a veces se expresaba como un superdotado que inventaba el primer cliché. Lo que más o menos me dijo bromeando Tenesse Williams: – Tiene una voz tan aguda que solo los murciélagos pueden entenderlo. ¿Era una banderilla de rival? Este preámbulo, necesario y discrepante, todos los periodistas lo aceptaron y lo publicaron íntegramente; dando prueba con ello de…

Federico Utrera y Fernando Arrabal

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?  F.A: Por lo general, las épocas de verdadero confinamiento (sanatorio, hospital, cuna, cárcel etc ) fueron para mí llevaderas, salvo los primeros momentos. ¿Qué pueden testimoniar los  espectadores involuntarios de un tifón desatado? ¿Prefiere los animales a la gente? F.A: Me gusta el ‘tatu’ que frecuento cuando se parece a la gente y la gente cuando se parece a la cingulata. ¡Tuve y tengo tanta suerte en la vida! Curiosamente Voltaire se refiere a las gentes del Canadá y del Brasil por qué, según afirma, carecen de pelos. ¿Es usted cruel? F.A: Si es conmigo mismo, lo menos posible. El único pájaro sin alas es el asno. ¿Tiene muchos amigos? F.A: En La promenade de Venus, con André Breton, nos reuníamos diariamente unas dos docenas de surrealistas.  En el cenáculo de Nathalie Sarraute, mensualmente ¿algo menos de la mitad?  Y en las tertulias de mi casa, depende de la ocasión. Ni en Babia, incluso con dos medio hermanos, se puede crear un hermano.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? F.A: En la ‘academia’ que creamos en Madrid queríamos, en los años 50, semejarnos a ¡¿Velázquez!?. Chloe (como Clo y yo llamamos así siempre a Toni Morrison) ¿disponía de todas? Increíblemente creía, con los romanos, que el falo es fascinante (fascinus) y el coño (cunnus) la causa. ¿Suelen decepcionarle sus amigos?F.A: No hay razón ninguna para que así sea. Si fuéramos instrumentos de viento, el ‘jefe’ nos respetaría como instrumentos de cuerda. ¿Es usted una persona sincera?  F.A: Mi inolvidable e irremplazable maestra de párvulos (la madre Mercedes) nos indicó que mentir requería una buena memoria, una gran concentración… que se podrían mejorar (según ella) empleándolas en otras causas. ¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? F.A: No sé bien de qué habla. El tiempo parece una creación accidental ¿cuando nuestras decisiones amenazan nuestra propia debilidad?

¿Qué le da más miedo? F.A: Ni más ni menos lo de siempre.  Por los siglos de los siglos. Cuando cesamos de inventar, tenemos casi siempre la impresión de retroceder. ¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? F.A: La verdad, muchas cosas, más que escandalizarme me sorprenden. E incluso muy menudo me asombran. Y supongo que a todos desde el tohu-bohu. Lo único que podemos (hoy y siempre) evocar es el rigor matemático de la confusión. Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa… ¿qué habría hecho? F.A: Nunca he pensado en ello. Ni creo que podría pensar en ello. Quién siembre la agitación recoge deslumbramientos ¿Practica algún tipo de ejercicio físico? F.A: El ajedrez me sigue entusiasmando aunque más como glotón óptico que como practicante magistral. [Las simultáneas ya solo las juego en silla de ruedas.]

¿Sabe cocinar? F.A: He comenzado a hacerlo hace tres meses con mucho entusiasmo, cierta aplicación y pocos dones. Toda disciplina creo que es tóxica. Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? F.A: Prefiero hablar de mis cosas, lo poco que sé.  Si ese ¿millonario? se interesara por mí, sería bueno que colaborara a la constante ayuda  económica de mi novia desde hace 68 años. Una de las cosas más gratas de mi dedicación es que a menudo se me pregunte por mi amigo de la guerra García Lorca o de mis correrías con Franz Kafka. ¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? F.A: Conozco muy pocos idiomas, lo que no me permitiría responder con la claridad o justicia que siempre me importa… a pesar de las meta-normas de la obstrucción de la contaminación o de la plétora. ¿Y la más peligrosa? F.A: Diría que no llegaría a interesarme. Aunque tenemos el derecho plenipotenciario de desmantelar toda planificación y a inventar nuestro propio ritmo.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? F.A: A Franco lo intenté con el hijo de Tristan Tzara: Fue un error de juventud. ¿Cuáles son sus tendencias políticas? F.A: Todavía no lo sé. A pasar de haber escrito públicamente durante la vida de… Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? F.A: ¿Me pregunta eso a mí o es a otra persona?  En el sanatorio conocí a un gorrino que contemplaba ensimismado y perplejo el arco iris. ¿Cuáles son sus vicios principales?  F.A: ¡La categoría vicio es tan evolutiva!. ¿Conviene ponerse al desnudo pero sin rasgarse las vestiduras ¿Y sus virtudes? F.A: ¿Como su antípoda virtud? Aunque quizás solamente la virtud sea más excitante que el vicio. Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? F.A: ¡Por favor! Sin que venga a cuento: No olvido que el fracaso enseña lo que el triunfo oculta.

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