Pandemias históricas en Majadahonda (II): Rufino Bustillo Calvo, el militar compañero del célebre “Cascorro” (1918-20)

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El célebre Eloy Gonzalo: estatua en la Plaza de Cascorro

DARIO BUSTILLO. Rufino Bustillo Calvo nació el día 10 de julio de 1869, y fue el segundo de tres hijos que se llamaban, Lucio, Rufino, e Isidoro, que tuvieron mis bisabuelos, Lucio Bustillo y Andrea Calvo. Mis bisabuelos murieron jóvenes, sin ver a sus hijos criados, quedando mi abuelo Rufino y su hermano Isidoro, bajo la tutela de su hermano mayor Lucio, por ser menores de edad. En Majadahonda creció y vivió, aprendiendo el oficio de labrador, como tantos y tantos jóvenes en aquella época. Hizo el servicio militar en Alcalá de Henares, en el Regimiento de Caballería “Lanceros de Farnesio” donde alcanzó el grado de cabo. Allí tuvo de compañero al famoso “Cascorro” de nombre Eloy Gonzalo García, que más tarde fue célebre por su acción en la guerra de Cuba. Cuando los licenciaron, mi abuelo regresó al pueblo, y “Cascorro” se alistó voluntario para la campaña de Cuba, donde protagonizó aquella heroica acción. Al término del servicio militar, mi abuelo regresó al pueblo, donde se encontró solo y sin hogar propio, por lo que trató de encontrar novia y organizar su vida, construyendo su propio hogar. Encontró a mi abuela Jesusa, que estaba casi en las mismas condiciones que él, se casaron y formaron la familia Bustillo-Millán. De esa unión nacieron 7 hijos, de los cuales sobrevivieron 4, todos ellos varones, Estanislao, Gumersindo, Alfonso y Crescencio, aunque Alfonso tampoco sobrevivió porque murió muy joven, como hemos dicho anteriormente.

Darío Bustillo

Al contraer matrimonio, juntaron cuanto poseían, la casa del pueblo donde vivieron, algunas tierras de labor, el huerto del Valle del Pozo, alguna viña y otras pequeñas tierras. Con todo ello, emprendieron la tarea de trabajar y cuidar de estas pequeñas propiedades, que aunque no producían para vivir exclusivamente de ellas, sí que eran de una gran ayuda, por lo que la mayor parte del año, lo tenían empleado en cuidarlas decorosamente. En el invierno, como tantos y tantos majariegos, se buscaban alguna otra cosa para mejor ayudar a la casa. Así, y hasta que le fueron subiendo los hijos, el hombre tuvo que esforzarse, y pasar privaciones y fatigas; más cuando empezaba a estar tranquilo y descansado, y haberlos casi subido hasta arriba, pilló aquella terrible enfermedad que acabó con su vida. Era el 24 de noviembre de 1920, había cumplido ya los 51 años, y dada su fortaleza física, y estando en plena posesión de sus facultades, quizás podía haber vivido muchos años más. Próximo capítulo: “Rufino siempre estuvo suscrito a un periódico y era de ideas liberales democráticas”

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