Reflexiones desde Majadahonda en tiempos de pandemia: “un virus peligroso, contagioso y virulento”

JOSÉ Mª ROJAS CABAÑEROS. Los coronavirus, así llamados por la corona de puntas (“espículas”) que se ve alrededor de la superficie del virus, cuando se visualizan por microscopía electrónica, pueden infectar a aves y mamíferos produciendo enfermedades respiratorias y digestivas de mayor o menor gravedad. Hasta principios de este siglo, los coronavirus que afectaban a humanos estaban asociados al catarro común, sin mayor complicación. Sin embargo, en noviembre de 2002 apareció en la provincia China de Cantón el SARS-Cov-1 (de probable origen animal, aunque desconocido), causante de una neumonía con un 13% de mortalidad y que se extendió a otros países. En 2003 la situación se controló por el seguimiento de casos y casi nula existencia de portadores asintomáticos. En junio de 2012 se detectaron en Arabia Saudita los primeros infectados por MERS-Cov (procedente de murciélagos, aunque los camellos pueden haber mediado la transmisión a humanos), causando desde asintomáticos a problemas respiratorios graves y afecciones gastrointestinales. La situación fue controlada y en 2017 había menos de 2.000 casos en todo el mundo y asociados al contacto con camellos.

Jose Mª Rojas

Como ya casi todo el mundo sabe, el SARS-Cov-2 fue detectado en noviembre de 2019 por un brote en un mercado de animales de la ciudad de Wuhan en China y su origen es próximo a coronavirus de murciélagos, aunque la transmisión a humanos pudo ser por un mamífero placentario cubierto de escamas conocido como pangolín. El 11 de enero de 2020 se publicó la secuencia del genoma del SARS-Cov-2 (con 89% de homología al SARS-Cov-1), desde entonces se han secuenciado más de 32.000 muestras del virus que han servido para estudios de trazabilidad y para identificar nodos supercontagiosos. Pese a pequeñas diferencias, el genoma del SARS-Cov-2 es muy estable, con mucha menor variación respecto a otros virus de genoma ARN (como gripe y VIH-1) y con zonas 100% conservadas, como la correspondiente a la región RBS de interacción con el receptor celular, lo cual es muy importante para el diseño de vacunas. La explicación es que los coronavirus, a diferencia de otros virus con ARN, tienen una enzima que corrige los errores de su replicación.

¿Qué aporta la información genómica del SARS-Cov-2?:
1.- El receptor celular del SARS-Cov-2 es la proteína ACE2 de la superficie externa de las células de pulmones, arterias, corazón, riñón e intestinos y fisiológicamente implicada en convertir angiotensina 2 en angiotensina, reduciendo la presión arterial. Por ello los hipertensos son grupo de riesgo y tal vez explica las diferentes incidencias por sexo y edad: mayor cantidad de ACE2 en hombres que en mujeres y menor en niños.
2.- La gran novedad del SARS-CoV-2 respecto a otros coronavirus son 12 nucleótidos extra en su genoma. Este inserto genera en la proteína de la espícula (implicada en la interacción con ACE2) un punto de acción para una enzima (“furina”), ubicua en todas nuestras células, que da un primer corte de la espícula de los virus, haciendo que salgan de la célula infectada preactivados para una nueva infección. Este primer corte induce que la espícula fusione la célula infectada con otra célula sana, permitiendo que el virus pase de una a otra sin exponerse a los anticuerpos y afectando a una mayor variedad de células. Esto puede ser un motivo por el que SARS-CoV-2 es tan contagioso y virulento. No se puede inhibir la furina, pues es esencial para nuestras células.

¿Por qué algunas personas son asintomáticas de Covid-19 aunque estén infectadas con SARS-CoV-2? La explicación no es concluyente, pero se apunta desde componentes genéticos individuales (como variaciones en las cantidades de ACE2 y accesibilidad a furina, junto a otros desconocidos), hasta la protección cruzada por inmunidad celular (linfocitos T citotóxicos) por infecciones previas con coronavirus del catarro común. En cualquier caso, parece que los anticuerpos bloquean la re-infección por SARS-CoV-2, aunque su cantidad es directamente dependiente de la gravedad de los síntomas (menor en los asintomáticos, mayor en los ingresados de larga duración). Otro asunto, aún por aclarar, es su duración activa.

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