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Nydia muestra la foto de su abuelo Mariano: le dijeron que murió de Covid pero ella cree que hubo desatención y negligencia médica en el Hospital Puerta de Hierro (Majadahonda) ©Andrea Comas

LIDIA GARCIA. Nydia tiene 40 años, es vecina de Majadahonda y ha sido protagonista de un reportaje publicado en el diario El País este miércoles 27 de julio (2022) por la acreditada periodista Paola Nagovitch y la conocida fotógrafa Andrea Comas en el que se la pone de ejemplo nacional «del dolor de los nietos que han perdido a sus abuelos en la pandemia» a propósito del suyo: Mariano falleció en el Hospital Puerta de Hierro de Majadahonda oficialmente por «Covid» pero las pruebas evidencian que estaba «desconectado del oxígeno» y atado con unas esposas de tela. Poe ello las periodistas titulan con su frase: “Me costó mucho que no me dejaran despedirme”, porque «más de 92.000 mayores de 70 años han fallecido de covid en España desde marzo 2020. Suponen el 84,3% de todas las defunciones». Nydia reconoce que la pérdida de su abuelo ha sido especialmente difícil por cómo murió. Ella era consciente de que su abuelo materno era mayor y arrastraba desde “hace 15 años o así” un fallo renal que lo había dejado con solo un riñón, que solo filtraba el 5%. “Yo entendería y aceptaría [su muerte] si él se hubiera muerto de otra manera”, declara Nydia. Su familia llevó a Mariano al Hospital Puerta de Hierro de Majadahonda la tarde del 15 de enero porque pensaban que podría tener una hemorragia interna. Resultó no ser el caso, pero durante los días que estuvo en urgencias le hicieron una prueba de coronavirus y dio positivo. En ese momento, lo aislaron en la planta covid del centro».

Paola Nagovitch

«Allí nadie lo podía visitar ni hablar con él por teléfono, ya que su propio móvil estaba sin batería y el fijo de su habitación, desconectado. La familia llamó “cientos de veces” a la planta en la que Mariano estaba, pero se colgaba siempre al primer tono. Pasaron 48 horas sin saber nada de él ni sobre su estado. Hasta que el martes 18 de enero, la médica de Mariano llamó a la madre de Nydia, sobre las 3.30 de la tarde, para decirle que estaba muy mal. Que solo quedaba “un halo de esperanza”. Desesperada, Nydia fue al MediaMarkt más cercano y compró un móvil con un altavoz y auriculares. “Era un teléfono que cualquier enfermera podía poner en la mesilla cerca de él, no hacía falta ni que se lo sujetaran, y así por lo menos podríamos hablar con él”, explica. Sobre las 4 y media de la tarde, lo consiguió. Sin saber que sería la última vez, habló con su abuelo. “Me dijo que no entendía por qué le estaban tratando así, que estaba atado, que tenía mucho frío, que tenía mucha sed. Él realmente era una persona muy dura, no se quejaba nunca, pero en ese momento lo que transmitió fue que estaba muy mal”, cuenta Paola Nagovitch.

«A las 2 horas de esa llamada, el personal del hospital se lo encontró muerto, desconectado del oxígeno que necesitaba para combatir la covid y una infección respiratoria que avanzaban a la par. La familia pudo por fin entrar a la habitación y Nydia recuerda que “debajo de su camilla aún estaban las esposas de tela con las que lo habían atado”. Para ella, es inconcebible que él mismo se pudiese haber arrancado de la nariz el cable del oxígeno estando atado, pero sí ve probable que se le haya caído y que no hubiese sido capaz de recolocarlo, precisamente porque tenía las manos atadas a la camilla. Según Nydia, la explicación que le dieron sobre por qué su abuelo estaba atado fue que lo hicieron “para salvarle la vida”. “Me dijeron que les ataban para que no se quitaran el oxígeno”, dice.

“Cuando protesté y luego hablé con la médico, ella me reconoció que fue, según sus palabras, “un agujero del sistema”. Que efectivamente esta gente está ahí, sola, incomunicada, ellos no les pueden vigilar y hay veces que estas cosas pasan”, relata la nieta. “Luego, en mi cabeza, yo iba repasando todo lo que habíamos hecho preguntándome: ¿qué es lo que hemos hecho mal? Te sientes muy culpable”, confiesa Nydia. Esa culpa, explica, “es por no haber reaccionado contra el hospital en ese momento, por no haberme enfrentado a ellos y haberle podido acompañar, ayudar, impedir que pasara frío, sed, miedo, dolor y que muriera atado y sin oxígeno”. “Me da la sensación de que le he fallado, de que tenía que haber sido más valiente en ese aspecto”, añade. “Lo bueno que tiene el tiempo es que rebaja la angustia. Todavía me duele, pero no de una manera tan aguda”, admite. El abuelo Mariano tenía tres hijas y ocho nietos. Nació en 1930, era médico, de Madrid y bromista. “¿Qué es lo que más echo de menos de él? Todo”, dice su nieta.

«A Nydia aún le escuece el recuerdo de que no se le permitió despedirse de su abuelo Mariano. Tenía 91 años, estaba vacunado con las tres dosis y falleció el pasado 18 de enero, en una planta covid del Hospital Puerta de Hierro de Majadahonda (Madrid). Murió sin despedirse de sus seres queridos, pues la clínica les prohibió el paso. La familia insistió e insistió en verlo, pero el protocolo anticovid del centro era claro: Mariano debía permanecer aislado. Oficialmente, la causa de muerte fue covid. Pero su nieta, Nydia de 40 años, afirma que el personal del hospital se lo encontró muerto porque se le había caído el tubo de oxígeno al que estaba conectado, o se lo había quitado, y nadie se dio cuenta. Ahora, con el paso del tiempo, Nydia se cuestiona por qué aceptó el “no”, por qué no “tiró la puerta” y abrazó a su abuelo una vez más. “Me costó mucho que no me dejaran despedirme”, asegura. Y añade: “El duelo en estas condiciones es muy complicado”.

«Es ley de vida que los abuelos, en algún momento, dejen de estar. Pero la pandemia ha hecho que muchos nietos de varias generaciones pierdan a sus abuelos prematuramente y, en muchas ocasiones, sin poder despedirse de ellos. El abuelo de Nydia es uno de los 92.486 mayores de 70 años que han fallecido de covid desde el inicio de la pandemia hasta el 19 de julio, según los últimos datos del Instituto de Salud Carlos III (Majadahonda). Esta población supone el 84,3% del total de las muertes desde marzo de 2020. Pero los datos de los últimos tres meses apuntan a que las personas que mueren por covid son cada vez más mayores: los fallecidos que superaban los 70 años suponen desde marzo el 88,4% de todas las defunciones», concluye la periodista.

 

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