El entrenador Pablo López y el futbolista Arribas: “No sabía si llegaría a la élite pero por cabezonería no iba a ser”

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Pablo López y Alejandro Arribas

PABLO LOPEZ. Ahora que está de actualidad tras su fichaje por el Real Oviedo a su vuelta del Pumas de México quiero escribir unas líneas sobre Alejandro Arribas rememorando la época en la que jugó conmigo cuando yo era entrenador en el primer equipo del Rayo Majadahonda. Respondo así al amable recordatorio que hacía en estas mismas páginas a lo largo de la interesante entrevista sobre su biografía y trayectoria profesional de la que hemos disfrutado por capítulos. Por eso me ha venido a la memoria aquellas temporadas en que nos tiramos dos años entrenando todas las tardes juntos, él y yo. Él y yo solos. Él quería ser futbolista y yo le entrenaba para perfeccionar y mejorar su técnica individual. Con 16 años. Era un trabajador nato. Siempre quería más. Un ejemplo de profesional y de persona. Muchas, muchas horas juntos. Y hoy mantenemos una gran amistad.

Pablo López

Alex era un chico que lo tenía muy claro, quería ser futbolista profesional. Y trabajaría más que nadie para ello. Todo sacrificio sería poco para él siempre que mejorase. Un día vino él y su padre a verme, yo era el director del Fútbol Base del club. Querían que yo le entrenase, querían mejorar técnicamente y querían que yo les ayudase. Yo les dije que yo era muy estricto y serio con mi trabajo, porque mis horas libres y mi tiempo valían mucho. Ellos aceptaron. Y Alex empezó a entrenar conmigo. Horas y horas, días y días, lloviendo, con frío, sol, los dos solos con un bolsa de balones, conos y porterías móviles… Él era incansable, absolutamente incansable. ¡Siempre quería más! Su evolución fue muy buena. Su mejora en el golpeo fue importante, ¡hasta con la pierna izquierda, como le vacilaba yo! Yo veía en él una mentalidad espectacular. Y pensaba: “No sé si llegará a la élite… pero por cabezonería no va a ser”. ¡Siempre quería más!

Aquel Rayo Majadahonda de Pablo López y Alejandro Arribas

Recuerdo que por las mañanas tenía también un preparador físico. Tenía clara su meta. Pasamos dos años extraordinarios, hicimos muy buena amistad. Luego, caprichos de la vida, me tocó coger como entrenador el primer equipo del club en una situación muy crítica: el equipo llevaba casi tres meses sin ganar y se iba de Tercera a Preferente… Alex no jugaba mucho, pero con mi llegada aposté por él, le conocía muy bien del fútbol base y de nuestras horas de trabajo juntos. ¡Y volvió a jugar con nosotros! Entre todos hicimos el milagro ¡y ganamos 6 partidos de 6, salvando la categoría!. Fue muy bonito. Alex se merece todo lo bueno que le ha pasado, se lo ha ganado con trabajo y profesionalidad. Le deseo lo mejor en esta nueva etapa que empieza en Oviedo.

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