«En el Bulevar Cervantes hay relieves, un poco deteriorados y no ha pasado tanto tiempo desde su erección, relativos a “El Quijote”. No digo que estén mal traídos pero echo en falta el alusivo a nuestro pueblo. El tan famoso que dice: “El lenguaje propio, el propio, el elegante y claro, está en los discretos cortesanos, aunque hayan nacido en Majalahonda.” Y es que esta sentencia, elogiosa para los majariegos, nos ha dado universalidad. Aparte, una especie de tótem, colorístico, que le da un aire entre campamento piel-roja y columnario salomónico al parque de Colón».

VICENTE ARAGUAS. (5 de abril de 2025). Majadahonda Escultural. Ahora que se fueron las lluvias tal vez sea el momento de pasear por la Majada, explorando cuánto pueda haber de estatuas, decir monumentos tal vez sea un exceso, en sus calles y plazas. Y la primera conclusión luego del paseo es que no hay gran cosa. Normal, en una ciudad que hasta no hace tanto era pueblo grande, y antes –incluso– asunto pequeño con resabios pastoriles. Y en este sentido la única referencia a semejante origen la tenemos en la estatua que se autodedicó Tomás Descalzo Aparicio en la zona de El Carralero. Ojo, gracias a esa autodedicatoria, pagada con su dinero, ya se entiende, Majadahonda dispone de una escultura originalísima, plena de realismo, por más que su enfoque sea decididamente surreal. Esto es, un caballero, el propio Tomás, perfectamente trajeado, y no a la usanza pastoril, precisamente, flanqueado por un mastín y una oveja. Ahí está, construido con material muy resistente aguardando a que las siguientes generaciones de majariegos se pregunten quién es ese señor tan bizarro. Desapareció, en cambio, el cercado de madera que circundaba el grupo escultórico. Y nunca se llegó a realizar todo un bestiario, cigüeñas y otros animales, que Tomás, síndrome de “horror vacui”, de quien fui amigo y confidente, había proyectado. De fuente parecida es la escultura a los ancianos majariegos, que se halla en la Gran Vía. Tomás reivindicaba para sí la idea, e incluso la cofinanciación, pero no sé hasta qué punto esto no era hipérbole de tan estupendo personaje. Al fondo de la Gran Vía se halla una fuente con un par de damas melómanas. Comódamente instaladas interpretan, a lo San Juan de la Cruz, “pastores los que fuerdes/allá por las majadas al otero”, su “música callada”. De noche su concierto gana en luz y agua, muy a lo Händel de la “Water Music”. Está bien este dueto de jóvenes intérpretes, que bien pudiera tener continuación en otras rotondas, glorietas, plazas y plazuelas.

Vicente Araguas

EN EL PARQUE COLÓN hay una estructura escultórica férrea, abstracta y etérea como suelen ser las palomas. Y, a pesar del anonimato de la estatua en cuestión, conviene decir que es obra de Carmen Perujo, artista majariega conocida y reconocida, autora de un ave metálica que, incluso estando anclada en un montículo, alza su vuelo en un parque bastante desnudo con exceso de asfalto, y donde los surtidores a ras de suelo nunca funcionan (que yo sepa). Aparte una especie de tótem, colorístico, que le da un aire entre campamento piel-roja y columnario salomónico al parque, tan variado el solar anterior que hasta sirvió en su momento de plaza -portátil- de toros.

«En el Parque Colón hay una estructura escultórica férrea, abstracta y etérea como suelen ser las palomas. Y, a pesar del anonimato de la estatua en cuestión, conviene decir que es obra de Carmen Perujo, artista majariega conocida y reconocida».

«De fuente parecida es la escultura a los ancianos majariegos, que se halla en la Gran Vía»

EN EL BULEVAR CERVANTES hay relieves, un poco deteriorados y no ha pasado tanto tiempo desde su erección, relativos a “El Quijote”. No digo que estén mal traídos pero echo en falta el alusivo a nuestro pueblo. El tan famoso que dice: “El lenguaje propio, el propio, el elegante y claro, está en los discretos cortesanos, aunque hayan nacido en Majalahonda.” Y es que esta sentencia, elogiosa para los majariegos, nos ha dado universalidad. Junto con Quevedo, cuando situa al coplero chirle aquel también en Majalahonda. Como nos la da “Majadahonda Magazin”, visible en tantos lugares, dentro y fuera de España. Como el “Instituto de Salud Carlos III”, importante siempre, especialmente notorio cuando el drama del aceite de colza desnaturalizada. Proyección en la traumatología tuvo nuestro eminentísimo Doctor Bastos, aunque no naciera aquí. Tiene calle, sí, pero merece cuando menos un busto, creo.

«Majadahonda dispone de una escultura originalísima, plena de realismo, por más que su enfoque sea decididamente surreal. Esto es, un caballero, Tomás Descalzo, perfectamente trajeado, y no a la usanza pastoril, precisamente, flanqueado por un mastín y una oveja».

«Al fondo de la Gran Vía se halla una fuente con un par de damas melómanas. Comódamente instaladas interpretan, a lo San Juan de la Cruz, “pastores los que fuerdes/allá por las majadas al otero”, su “música callada”.

EL CENOTAFIO Y LAS ESCULTURAS AUSENTES. Como no estaría de más que Cervantes (a pesar del Bulevar y los relieves, un poco “amateurs”) y Quevedo (aun teniendo en cuenta el colegio público a su nombre en Majadahonda) gozasen de reconocimiento escultórico, tal vez uno que homenajease a ambos. Hay también en nuestro territorio un cenotafio, el dedicado a los rumanos Marín y Mota, tan polémico como inabatible al estar en terreno privado, limítrofe al cementerio donde yace María Teresa León, calle a su nombre y digna tan importante escritora, tal vez, de un busto. Luego está el Oso Verde-Gominola, surreal como el grupo escultórico de Tomás Descalzo, que aun siendo fronterizo con nosotros pertenece a Boadilla. Poseedores también, los boadillenses, del Palacio del Infante Luis de Borbón. Lo que no es una futesa, no.

«De noche su concierto gana en luz y agua, muy a lo Händel de la “Water Music”. Está bien este dueto de jóvenes intérpretes, que bien pudiera tener continuación en otras rotondas, glorietas, plazas y plazuelas»

Majadahonda Magazin